EL SEOR CHAPELETO

 Vivo con estupor lo que está sucediendo estos días con el PP. Mi asombro mira, como Jano, para lados opuestos. Por un lado, en lo que concierne al PP, no alcanzo a concebir cómo se puede ser tan estúpido; no comprendo esa pulsión suicida que, por regla general, los domina, mande quien mande. La indolencia que los caracteriza en su labor de oposición sólo se ve refutada cuando se trata de militar contra sí mismos, contra los de su propia especie.

Por otro lado, me conmueve la actitud del PSOE –y su escuadrón mediático- que con grandes aspavientos se rasgan farisaicamente las vestiduras. Dejando aparte el hecho de que un político honrado es un oxímoron, olvidan los del PSOE que son ellos, precisamente, los inventores del tráfico de influencias moderno –simple o cohechado-. Desde que llegaron al poder en el año 1982, han dado lecciones magistrales sobre la materia. Valgan algunos botones de muestra, empezando por los fundadores: F. González y A. Guerra. El cuñado de Felipe González hizo su fortuna como contratista de los gobiernos socialistas, sobre todo con ocasión de la Expo 92 y la construcción de la  autovía; contratista chungo, por más señas, y si no permítame el lector que recuerde un episodio que resulta más propio de una película de Torrente que de los anales de la contratación administrativa. El ministerio de Justicia licitó las obras de herrería de la cárcel de Sevilla, que adjudicó a la empresa Dragados, esta la subcontrató a Talleres Palomino -¡Oh, casualidad!-. Sucedió que la endeblez de los barrotes era tal que dos presos los rompieron con facilidad y se fugaron. El Partido Andalucista, entonces mandado por Pachecho, denunció los hechos; Pacheco, al que no se le puede negar gracia como sentenciador, calificó las obras como ‘especie de casita de chocolate’. Palomino se querelló, el Tribunal Supremo desestimó la querella y afirmó, además, que el querellante no cuestionó la veracidad de los hechos. El ministro de Justicia tampoco los negó, aunque le restó importancia. Fuentes penitenciarias confirmaron que el herraje de las celdas tuvo que ser renovado años después, pero las rejas por las que huyeron los delincuentes no llegaron a ser renovadas, eran las que puso Palomino. Nada de todo esto irritó la sutil sensibilidad de la Fiscalía.

Del otro -A. Guerra-, quién no conoce a su famoso henmano  Juan, que fue un adelantado en esto del tráfico de influencias; y que, para más inri o desvergüenza, ejercía su labor de comisionista en una oficina pública del Gobierno, sin ser funcionario ni desempeñar cargo alguno en la Administración Pública.

Estos fueron los primeros, luego vinieron Rafael Escuredo –ese al que cantó Carlos Cano: “…me han dicho que ha puesto en Madrid un despacho de mucho postín. ¡Colócanos, colócanos, ay, por tu madre, colócanos…!”; y del que un cuñado suyo me dijo en cierta ocasión, no sé si admirado o escandalizado: “Ver a mi cuñado cuesta 200.000 pesetas; sólo verlo”, y Chaves, el clan Chaves, un clásico. El bueno de Manolo (como lo llamaba Carmen Calvo antes de soltar lastre y referirse a él como el ciudadano Chaves) presidiendo el Consejo de Gobierno, sin ausentarse ni abstenerse, otorgó una subvención de 10 millones de euros a la empresa Matsa, de la que su hija era apoderada –siendo tan jovencita-. Y quién no conoce también a Ivancito Chaves, el comisionista por antonomasia, que dejó a Juan Guerra a la altura del betún; por cierto, con ciertos socios en determinados proyectos urbanísticos, también socialistas de pro y muy conocidos; vean lo que decía El Mundo: “Varios representantes del terrateniente, encabezados por al catedrático de Derecho Constitucional y abogado Javier Pérez Royo (también vinculado contractualmente a Iván Chaves a través del Estudio Jurídico Itálica, al igual que Amparo Rubiales, otra amiga íntima del ex presidente de la Junta e histórica dirigente socialista), se presentaron el 1 de marzo de 2006 en el Ayuntamiento de Riotinto para explicar las líneas generales de su proyecto.” No se engañe el lector, no se trataba de tráfico de influencias sino de intermediación filantrópica. Tampoco quedaron atrás los hermanos y sobrinos Chaves. Recuerden lo que decía El Mundo:Climo Cubierta, el otro negocio del clan. El caso Climo Cubierta, destapado por EL MUNDO en verano de 2006, se refiere al posible trato de favor o uso de información privilegiada del que pudo beneficiarse Antonio José Chaves, el hermano mayor del actual vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, mediante las adjudicaciones de un tercer hermano, Leonardo, desde una dirección general de la Junta de Andalucía. En ese escándalo aparecen también dos sobrinos carnales del también presidente del PSOE y ex presidente de la Junta.” Eso explica al visitante que muchos pueblecitos de Andalucía, en el que sólo viven jubilados, tenga su pabellón deportivo; programado y establecido por un Chaves y construido y cobrado por otro. Todo quedaba en casa.

Y qué decir de la legión de esposas, primos y cuñaos colocados en las agencias de la Junta, o de la hija de la Consejera de Cultura y Ministra de Cultura doña Carmen Calvo, colocada en una Institución gubernamental dependiente del ministerio de mami, ¿no hubo ninguna llamadita de alguien a alguien?

Y, ciñéndonos a la rabiosa actualidad, para no hacer interminable esta pieza, qué hay del marido de la directora general de la Guardia Civil, la socialista María Gámez; vean, para muestra, un titular del ABC de estos días: “El marido de la directora de la Guardia Civil cobró de empresas que captaron ayudas de la Junta de Andalucía. Juan Carlos Martínez ingresó 128.880 euros de Rovi, que recibió 7 millones de la agencia donde era directivo su hermano, según la Policía.” O el marido de la ministra Teresa Ribera –otro Bacigalupo, de tal  palo  tal astilla-, titula El Mundo: “El marido de Teresa Ribera seguirá otro año supervisando en la CNMC la regulación de su esposa”; algo parecido a lo que sucede con el marido de la vicepresidenta Calviño: Ignacio Manrique de Lara ejerce como “agente digitalizador adherido" de Beedigital, una empresa dedicada a gestionar fondos europeos a pequeñas y medianas empresas (pymes) directamente con el Ministerio de Asuntos Económicos que dirige su mujer, Nadia Calviño.

Y, como guinda del pastel, no podía faltar, entre tanto granuja, el presidente del Gobierno, el Mentiroso, cuyo padre (o su empresa, da igual) recibió 701.741,22 euros en ayudas públicas, y pasó de facturar cero euros a cifras millonarias tras llegar su hijo a la Moncloa, según publica la prensa no apesebrada. ¿Corrió el PSOE a denunciar este hecho a la Fiscalía, para hacer honor a la verdad y limpiar de toda sospecha el nombre de la familia Sánchez?

En suma, podríamos seguir con esta larga e inagotable lista de granujas impunes; cuyas tropelías no han alcanzado siquiera la categoría de escándalos. Tanta impunidad tiene mérito, y hay que otorgárselo no sólo al Partido Socialista, sino también a los medios de comunicación que callan o manipulan o minimizan y, cómo no, también a esa ciudadanía tan dispuesta a comprender y perdonar las corruptelas de los suyos.

Por eso, ante la desvergonzada y desmemoriada y cínica reacción del PSOE y del Gobierno ante esta crisis, aprovechando para agitar el fantasma de la corrupción en el PP y de paso desviar la atención de sus propias corruptelas e incompetencia, no he podido dejar de ver en Sánchez la cara del seor Chapeleto, aquel canalla del Decamerón que, habiendo sido en vida la propia representación de la maldad, murió en loor de santidad gracias a las mentiras que contó a su confesor en el lecho de muerte y que éste (como hoy los medios de comunicación al servicio del sanchismo) logró hacer creer al pueblo (como el de ahora, crédulo y bien dispuesto), tomándolo por lo contrario de lo que en realidad era.

Aquí nada cambia, ni siquiera la podredumbre avanza, como dijo un personaje de Blade Runner.

Febrero de 2022

LO QUE SERÁ DE ESPAÑA

Del mismo modo en que, en el relato bíblico del Libro de Daniel, la misteriosa frase aparecida en los muros donde Baltasar celebraba su banquete profetizó la ruina de su reino, lo que aquí viene sucediendo desde que Pedro Sánchez, el Mentiroso, se hiciera con el gobierno de la Nación revela, sin necesidad de recursos vatídicos, el triste destino que aguarda a nuestra Patria: la desaparición de España como Estado nacional, su desintegración –en el mejor caso- en lo que el ‘rey de copas’ de la baraja catalana denominó federalismo asimétrico, concepto a todas luces antitético. Empeño en el que –aunque parezca paradójico- aúnan fuerzas indisimuladamente los dos partidos del Gobierno: PSOE (al que -es evidente, pero conviene recordarlo- le sobran las dos vocales de sus siglas) y Podemos (careta con que el proteico comunismo rompepatrias cubre aquí su rostro), empujados impacientemente por sus socios sostenedores: los independentistas vascos y catalanes, de izquierdas y derechas, maestros de la felonía. No concibo un país en el que desde sus propias instituciones se den tantas facilidades a quienes quieren destruirlo, a los enemigos de la Nación, como se dan aquí a los que no ocultan ni disimulan su odio a la puta España, ni sus intenciones de desintegrarla.

Como es natural, ningún proyecto de tal naturaleza puede triunfar en un sistema político de democracia liberal. Consecuentemente, las primeras víctimas habrán de ser estas: la libertad y la democracia. La eliminación de la oposición y de toda discrepancia. Es así como diariamente asistimos a un espectáculo inusual: el gobierno ejerce el control de la oposición y promueve su neutralización o eliminación, si no formalmente sí en el ámbito de los hechos, recurriendo para ello a dos elaborados engendros de su creación: los cordones sanitarios y las alertas antifascistas, eficaces engañabobos. Y dentro de esa lógica, actúa, por supuesto, sin sentido de las cuestiones de Estado y, consecuentemente, se permite patrimonializar la información sobre cuestiones de gravísima importancia que conciernen a toda la Nación, ocultándola a los ciudadanos y, al menos, a los representantes políticos de la mitad de éstos.

Resultaría tedioso a estas alturas enumerar los escandalosos atentados contra la democracia y las libertades que este Gobierno felón viene perpetrando desde que se alzó con el botín del Gobierno; la despótica limitación de libertades ha llegado desde la errática imposición de bozal -tratándonos como a perros- hasta incluso la detención ilegal o arresto domiciliario de todos sus ciudadanos -súbditos-, que no otro nombre puede darse a los hechos si prescindimos de eufemismos y mentiras. De la libertad de expresión ni hablamos, y no es chiste. De la transparencia y de la corrupción, corramos un tupido velo. La separación de poderes voló por los aires el día que el Mentiroso dijo aquello de “¿la Fiscalía de quién depende?, pues eso…”, afirmación corroborada por los hechos en numerosas ocasiones posteriores. El sometimiento de los jueces al Gobierno ha llegado a tal grado que la acertada expresión del ínclito juez Joaquín Navarro (QED) ‘justicia genuflexa’ se antoja hoy una ingenuidad, tal es el grado de envilecimiento y degeneración que hemos alcanzado; de otro modo no se explica que el TS niegue legitimación para recurrir los indultos que el Gobierno otorgó a los golpistas catalanes a sus propias víctimas y a los legítimos representantes de la ciudadanía; esto, sin duda, terminará haciendo realidad el antiguo anhelo progre de manchar con lodo las togas y, de paso, el nombre de España, cuando en instancias supranacionales se evidencie que la Justicia española –ignorando la propia Constitución- viola el derecho de sus ciudadanos a la tutela judicial, que reconocen numerosos tratados de los que somos parte. Y qué decir del Legislativo después del reciente escándalo de la reforma laboral; también pecó de ingenuo Grosser cuando afirmó que el Legislativo rara vez corrige y a menudo asiente; aquí la degradación es aún mayor: felpudo del Gobierno, obviamente cuando el Gobierno consiente que esté abierto y en funciones; pues también se atrevió a eso: a clausurarlo, pasándose la Constitución, una vez más, por ahí.

Algunos venimos diciéndolo machaconamente: la única cuestión -de la que todos los demás escándalos y disparates, que ocupan las portadas de los diarios y nuestros comentarios, no son sino manifestaciones o derivaciones- es el proyecto de federalismo neototalitario que urde este Gobierno social-comunista con el apoyo de los independentistas vascos y catalanes.

Y, lamentablemente, constatamos, a través de sus hechos, que todo se va desarrollando con precisión cronométrica, con la frialdad y sutileza del escalpelo. Lo dicho: “pesado, medido, dividido”, como pudo leer Baltasar en los muros de su palacio.

 Sólo les resta enterrar profundamente la memoria de los muertos (y que cada cual piense a qué muertos me refiero, pues hay dónde elegir), que a falta, tal vez, de otras certezas es, desde luego, para este Gobierno el recordatorio permanente de su bastardía.

Febrero de 2022

LA INSOSTENIBLE ESTUPIDEZ

 

Hoy, en que la ideología progre de lo ‘políticamente correcto’ se impone sin apenas encontrar la más leve crítica, se me antoja –tal vez por llevar la contraria- una reflexión sobre la ‘sostenibilidad’, palabra de importancia y tan de moda que lo que no vaya adjetivado con ella es despreciable o no vale nada.

Pensaba yo el otro día ¿qué es lo sostenible? Obviamente, todo aquello susceptible de caer, desmoronarse, colapsar, etc…, por ejemplo, nosotros mismos, hombres sostenibles. Pero, ¿qué hay en la naturaleza que realmente sea inagotable, imperecedero, eterno? Evidentemente, nada. Ergo todo el universo humano es por naturaleza sostenible, desde ese punto de vista. El problema es complejo; naturalmente, yo no lo podría resolver, pero llegué a alguna conclusión: en tanto que el ser humano habite el cosmos, lo auténticamente insostenible será la estupidez (y la mentira y la mierda, que tampoco decaerán jamás; pero esto lo vamos a dejar para otro día).

La estupidez es inasequible al desaliento, como gustaba decir la retórica franquista. Resistente, como el peor de los virus. Contumaz, jamás se da una tregua. Inagotable y abundante, es la sustancia que con mayor prodigalidad distribuyó Dios entre los humanos, creo que a todos nos tocó parte. Omnipresente y cíclica, nunca nos deja, y por mucho que nos esforcemos, siempre retorna, como vuelven los números de una fracción periódica, que diría Borges.

¿Por qué hablo de la estupidez? Tal vez por freudiana referencia a los contrarios, porque en realidad de lo que deseo hablar es de lo que siento escaso, y doloroso en su escasez; de lo que desearía copioso para mí y para todas las personas de buena voluntad: de la Justicia, de la Libertad, de la Amistad. Estas cosas que la estupidez, que tan fácilmente y tan a menudo se impone a la razón y a los nobles afectos, nos lleva a menospreciar.

Con qué inútil afán conservamos toda la vida, incluso por generaciones, un objeto carente de auténtico valor, subyugados por su fútil brillo, y, sin embargo, por el contrario, con qué facilidad descuidamos y perdemos aquello que infinitamente es más importante, como, por ejemplo, una añeja amistad.

El colectivismo ha ganado la batalla al individuo. La libertad individual -el don más valioso que dieron los cielos a la humanidad, al decir de Cervantes- se posterga y menosprecia ante el despotismo provisor del que hablaba Tocqueville. Y qué cómodo nos resulta dejarnos conducir por la querencia al establo. Con qué gusto nos sentimos atraídos por el calor del rebaño. Para ello, ¿no hubiera sido mejor haber nacido borregos?, nos habríamos ahorrado las fatigas de procurarnos la subsistencia.

Y qué de la Justicia. Decía Aristóteles –aunque, al parecer, la frase era de Bías, o, tal vez, de Píndaro- que “la salida y la puesta del sol no son tan dignas de admiración”. Y para mí que llevaba razón, mas –como dijo un poeta nuestro- aquí, ahora, la justicia vale menos que el orín de los perros. Vivimos una época donde no sólo no es admirada, sino despreciada. Donde impera el relativismo, la ética de la conveniencia o la utilidad. Y lo más doloroso es nuestra insensibilidad ante ello.

¡Qué acomodaticios somos! ¡Qué estúpidos! ¡Qué insostenibles!

Febrero de 2022

MI FUNERAL

 

I

Ilusoriamente deseaba que el día de mi funeral no hubiese nadie triste. A menudo me había representado mis exequias como un acto festivo y grato –no para mí, obviamente, apartado ya definitivamente de sentimientos y pasiones-.

Me imaginaba el acto en un bello lugar, cerrado, indefinido, onírico. Lo más parecido, tal vez, a la sala capitular de cualquiera de nuestros bellísimos conventos o monasterios medievales que, por fortuna, aún perviven.

Era un recinto de rancia piedra granítica, apenas arañada por la voracidad cruel de Cronos. Un espacio recogido y cálido, carente de majestuosidad y esplendor, humilde y desnudo, propicio, en suma, para el trato con la muerte y la serenidad del espíritu. En el centro de la sala había un hermoso facistol de caoba, con forma de pirámide trunca, finamente labrado en cada una de sus cuatro cartelas con representaciones de escenas bíblicas alusivas al amor en sus diversas manifestaciones. La primera de ellas, como alegoría del amor fraterno, mostraba a Caín con la enrojecida y chorreante quijada de asno aún en la mano y, a sus pies, a Abel descompuesto y exánime. En otra cartela, como elevada manifestación del amor paternal, se representaba el sacrificio de Isaac, en el que se ve a Abrahán con la enhiesta daga suspendida y amenazante sobre el estremecido cuerpecito del niño. En la contigua se hacía referencia al inquebrantable amor conyugal, mostrando al rey David en éxtasis al contemplar el lascivo cuerpo de Betsabé en el baño. La cuarta era un enaltecimiento de la amistad, el rostro más puro y rudimentario del amor, que quedaba representado con la imagen de Judas besando a Jesús en el huerto de Getsemaní. Y sobre todas estas escenas, una cita del evangelio de San Juan, inscrita en letras de oro: DEUS CARITAS EST, o sea, Dios es amor.

En una de las caras del atril, reposaba un antifonario heterodoxo –como el difunto- que en lugar de preces y plegarias contenía poemas de Virgilio, de Borges, de Quevedo, de Ángel González, de Miguel Hernández  y de otros poetas que me fueron gratos y, tal vez –deseaba que a alguien se le hubiese ocurrido-, algunos versos míos. Ocho, como el día en que nací, y cada poema estaba hermanado a un determinado fragmento musical, que sonaría tenuemente mientras aquél era recitado: el andante del trío para piano número 2 de Schubert, In a Village de Ippolitov-Ivánov, el romance del Gadfly de Shostakovich, el Ruhevoll de la cuarta de Mahler, la Balada número 1 de Chopin, la marcha árabe del Cascanueces de Tchaikovsky, Strike the viol de Purcell y, para concluir la liturgia funeral, la excelsa cantata 147 de Bach: Jesús alegría de los hombres.

Entre la lectura de una y otra pieza había dispuesto que la concurrencia -aquellos que amé y me correspondieron y me sobrevivieron- intervinieran evocando las vivencias que tuvimos la suerte de compartir: Os acordáis cuando estuvimos en…, fue genial, qué bien lo pasamos…; o cuando fuimos una vez al pueblo y una, no me acuerdo bien quien fue, se meó encima de la risa, y fuimos ya todo el paseo acompañados del chapoteo cadencioso de los zapatos inundados de pis, que resonaba majestuoso en el silencio profundo de la madrugada: chop, chop, chop… Algo así, entreverado con otros testimonios al más puro estilo elegíaco, o sea, hipócritas, exagerados, fatuos y –lo que en verdad resultaba más molesto a mi imaginación- tan pretéritos: “era…, pensaba…, tenía…, decía…”.

Todo resultaba muy emotivo y afectuoso y casi melancólico, en la línea fronteriza de la tristeza. Y, aunque las recatadas lágrimas no llegaron nunca a abandonar su cálido refugio ocular, hacían brillar, sin embargo, los ojos de algunos -más los de ellas- del mismo modo en que al amanecer brillan las gotas de rocío sobre las briznas de hierba.

 

II

Es proverbial el egoísmo de los viejos, dicen; sin embargo, creo que lo supera el de los difuntos. Los muertos, hasta que todos se olvidan de nosotros, que es cuando verdaderamente morimos, nos volvemos exacerbadamente egoístas. No pensamos absolutamente en nadie, mas que en nosotros mismos. Y si, no obstante, a veces, lo hacemos, no es sino como instrumento o medio para satisfacer nuestros deseos o hacer realidad nuestras vanas e imposibles ilusiones.

Y digo esto porque, entre unas cosas y otras, la liturgia fúnebre duraba ya más que una misa arzobispal cantada con toda solemnidad y boato. Eso sin contar las molestias –y el gasto- en que hacía incurrir a los asistentes. Personas que si, a pesar de todo, estaban allí era porque indudablemente me apreciaban. Y todo eso para satisfacer la vanidad de un muerto. Que, aunque las honras fúnebres las había pergeñado de vivo, lo habían sido, sin embargo, para disfrutarlas difunto, como es obvio. Y es que esa es la naturaleza humana, tanto de los vivos como de los muertos: vanitas vanitatis, et omnia vanitas.

Pero, ¿quién no sucumbe a la vanidad? Debí haber hecho caso a Montaigne, a quien había leído con tan poco provecho, como se puede ver. Montaigne en uno de sus Essais, precisamente titulado ‘De la vanidad’, ya advertía sabiamente que este negociado, el de la muerte, es acto de un solo personaje y que, en el mundo de las relaciones afectivas, lo propio era hacer extensiva la alegría y restringir la tristeza. Mas yo, como todo necio, pensaba que podía torcer la ley inexorable que rige afectos y emociones. ¡Qué equivocado estaba! Qué hueca nadería es la ilusión humana, y que lejos anda siempre de la realidad.

III

Contemplaba mi funeral, como Don Juan, y qué diferente empezaba a resultar de lo que había imaginado y establecido. Me explico, el rito fúnebre comprendía –como no podía ser de otro modo- la ‘comunión’ bajo las dos especies, de manera que en el fondo de la sala estaba primorosamente dispuesto un bufet bien surtido de manjares diversos y una selecta muestra de los vinos patrios de los que fui devoto en vida -también heterodoxos, nada de riojas y riberas-: Alicante, Bullas, Terra Alta, Priorat, Somontano, Toro… Y, ya se sabe, estando el vino por medio, siendo además tan irresistiblemente delicioso, no es de extrañar, pues, que se confirmara lo que el gran maestro Borges intuía y predicaba sobre el vino en aquél hermoso verso: vino del mutuo amor o la roja pelea…, pues entre los morreos de unos y otras y las agrias discusiones políticas entre los paleoprogres  y los neofachas, la cosa empezaba a desmadrarse.

 IV

Cuando llegaron los municipales –tan despistados, por lo común, como cantó Brassens-, alertados por los vecinos hartos del escándalo, ya no quedaba en pie nada ni nadie. Los más perjudicados, incapaces de darse el piro al oír las sirenas, yacían indecorosos entre los restos del naufragio. Como pudieron, torpemente, intentaron hacer ver a la autoridad que no hacían nada malo ni prohibido, que se encontraban celebrando el funeral de un amigo; que como era, fue, un poco raro, de ahí lo de la comida y el vino y la música y los parlamentos y todas esas extravagancias que se habían ido un poco de madre. Sí caballero, dijeron los guardias, pero ¿y el difunto?, ¿dónde está el muerto?, o, por lo menos, las cenizas ¿dónde están las cenizas?; a eso nadie supo responder. Nadie pudo dar señas del muerto, nos habíamos olvidado del muerto. Por su parte, los denunciantes, arremolinados en la puerta, debatiéndose entre la curiosidad, la inquina y el cabreo, echaban leña al fuego y alentaban otra versión muy diferente: De funeral nada, habrase visto, ¡qué desvergüenza! Ahí lo que se ha estado celebrando es el cónclave de una secta. Versión que, por ser más del agrado del público, más novelesca y más acorde con la idiosincrasia patria, terminó imponiéndose en los medios locales.

Así, en el siguiente número de la revista quincenal El Egabrense, correspondiente a la segunda quincena de marzo, pudo leerse, en lugar destacado de la portada, la siguiente noticia: “Localizada en Cabra una importante secta político-satánica, que celebraba sus asambleas en un conocido convento de la localidad, cuyo nombre omitimos deliberadamente para no dañar la buena reputación de la Congregación, ajena a las indecorosas actividades que se desarrollaban en sus dependencias. Ya hubiese querido Stanley Kubrick disponer para su película Eyes Wide Shut del atrezo, la coreografía y el selecto ambigú que esta secta, aun pueblerina, gastaba en sus sesiones demoníaco-orgiástico-políticas.”

En el mismo número de El Egabrense, en un faldón en la penúltima página, en la sección Curiosidades maCABRAs, podía leerse lo siguiente: “Muere un hombre en Salamanca, aplastado por un nido de cigüeña que se desprendió de la espadaña del convento de San Esteban. El desafortunado, que aún no ha podido ser identificado, solo llevaba encima una fotografía, en la que se le ve sentado en un banco de la Plaza Vieja, lugar que identificamos sin lugar a dudas porque a sus espaldas puede leerse nítidamente el siguiente cartel: Bar El Tobalo. Ello nos induce a pensar que puede tratarse de uno de nuestros paisanos y, por tanto, a reflejar el caso en nuestra sección Curiosidades maCABRAs;”.

Así que era eso, me dije. Un nido de cigüeñas. Ya es mala suerte. Hastiado del régimen socialista andaluz, que amenazaba durar más que el de Franco, decidí autoexiliarme en Salamanca, buscando un aire más limpio, algo de libertad y tranquilidad, y una palanca –gracias, don Miguel- que impulsara mi carrera literaria hacia la gloria. Aunque, si bien lo pienso, siendo optimista, no me fue tan mal, terminé consiguiendo lo que anhelaba –salvo la libertad-: paz y gloria eterna.

 V

Abrumado por las adversas circunstancias que se me iban revelando, me pareció percibir algo importante: ¿Cómo era posible que, siendo yo difunto, tuviese conciencia del ser y captase los sucesos como un espectador omnisciente? Aunque ese estado de conciencia fuese en cierto modo impreciso y nebuloso, algo así como el que debió padecer Manuel Cruz, aquel personaje del relato El día del Juicio Final. Creo que Manuel Cruz en virtud de la sentencia recaída sobre él el Día del Juicio Final, no sabría afirmar si había sido castigado o, por el contrario, recompensado. En ese momento pensé que me hallaba en un estado semejante, ayuno de certezas, en el incierto ámbito que discurre entre la realidad y la quimera, perdido en la oscura inmensidad del cosmos, flotando a la deriva.

Para que se hagan una idea más precisa, quienes no conozcan el relato, esto cuenta el autor, Gabriel Tristán, de Manuel Cruz:

“Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres.

Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:

-Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el Paraíso.

-Oh Señor –contesta Cruz-, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado.

Tras escucharlo, Dios responde:

-Bien, hijo mío, entrarás en el Cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.”

Así empezaba yo a sentirme, como Manuel Cruz.

 

Entonces oí los gritos: ¡Levántate ya, vamos! Que vas a llegar tarde al trabajo.


Adverso enero de 2022

UN DÍA TRISTE Y FRÍO

 De nuevo el inclemente invierno lanza un cruel zarpazo que me deja una muesca de aflicción en un corazón tan lleno ya de cicatrices y de ausencias que parece de momia. Nos dejó Rafael. Lo conocí hace 39 años, y recuerdo con detalle las circunstancias; esto sucede solamente cuando una persona deja huella. Rafael era de esas personas, de las que dejan huella. Confluían en él un conjunto de virtudes, cuya coincidencia no suele darse sino en las grandes personas, pues suele ser lo habitual que la naturaleza, o el azar, reparta desigualmente sus dones. Rafael era inteligentísimo, integérrimo, amabilísimo, modestísimo y buenísimo; sí, todo ello en grado superlativo. Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y tratarlo se dividían en dos bandos: los que lo apreciábamos y los que lo respetaban; pues tal era su benevolencia y rectitud que nunca consiguió hacer enemigos, cosa extrañísima y rara siendo, como fue él, una persona poderosa e influyente. Cosa, por cierto, esta última que he dicho, de la que él era consciente y así, en confidencias propias de la amistad, decía: “Yo no sirvo para esto, para esto hay que ser muy sinvergüenza…”; pero se equivocaba, sí que servía y dio un ejemplo de cómo se puede ejercer el poder con honradez e integridad, respetando la ley y sirviendo a la ciudadanía, que no para otra cosa se dota de poder a las personas que ejercen las altas magistraturas. Como esto constituía un mal ejemplo –considerando los estándares políticos patrios- pues dejaba en evidencia a casi todos, los que mandaban en su partido no lo querían. Muchos de aquellos altos cargos con los que se veía obligado a relacionarse, no pudiendo cuestionar su autoridad moral e intelectual, lo compadecían con altanería y lástima. Cuando fue apartado de sus altas responsabilidades en la Administración de la Junta de Andalucía, el Partido –no hace falta siquiera nombrarlo-, siguiendo la doctrina aquella de Zarrías o Guerra ‘de cuidar muy bien de los heridos y enterrar mejor a los muertos’, le ofreció una prominente canonjía en el Canal Sur, que rechazó sin pensárselo dos veces. Obviamente, no era como los otros.

Se une a la pena la indignación. En este país, donde entre las élites de la política impera la mediocridad, el oportunismo, la envidia, la mentira y la desvergüenza, Rafael jamás tendrá el reconocimiento y la gratitud que merece. Ninguna calle llevará su nombre, ningún galardón pondrá punto final a su currículum; en este país las medallas cuelgan del pecho de los canallas que dan nombre a sus calles y plazas.

Sí quedará su ejemplo y su recuerdo, sin embargo, en el corazón de los que lo conocimos y quisimos. Mi hija, siendo niña, en un simpático ejercicio de paranomasia, en lugar de referirse a él como Rafael Benavente, le llamaba Rafael Buenagente. Ese será tu galardón en nuestros corazones; adiós para siempre, Buenagente.

Enero de 2022

EL MENTIROSO VUELVE A HACERLO

 Lo leo en el periódico y no doy crédito a mis ojos, pienso que algún bromista ha colado como noticia fragmentos del guión de un episodio de la serie de José Mota ‘El cansino histórico’, pero no, no es el Día de los Inocentes, me digo, así que debe ser cierto, aunque parezca farsa: la goebelsiana fontanería de Pedro Snchz –Pedro Estornudo, como el escribano cervantino- organizó un ‘baño de masas’ con objeto de desagraviar al carismático líder por sus últimos contratiempos –llamemos así, compasivamente, a los abucheos, caceroladas y pitadas- sufridos en sus dosificadas apariciones públicas en suelo patrio. Como tal cosa no podía llevarse a cabo sin considerable riesgo en una gran ciudad, el aparato propagandístico eligió un pequeño pueblo salmantino, de electorado socialista, y, por consiguiente, predispuesto en potencia a otorgar al líder el cálido masaje que su vanidad necesita tanto como su cuerpo el oxígeno. Calvarrasa de Arriba, con quinientos y pico habitantes, fue el elegido. Marchaba la comitiva socialista por la High Street de Calvarrasa, al modo berlanguiano, cuando un paisano se acercó a su cabecera y preguntó: ¿Es usted Pedro Sánchez? Y Pedro, henchido de vanidad, a punto de estallar, como uno de esos sapos, respondió sonriente: sí, yo soy ; y el señor cateto, desconfiado pero intuitivo, como suelen ser los catetos y los perros de pueblo, pidió inmediata confirmación a lo que había oído, en evitación de equívocos: ¿Pedro Sánchez, el mentiroso?

Y ahí quedó la cosa, el buen paisano fue inmediatamente sacado de escena por la guardia pretoriana del déspota, según refiere el diario.

Viene esto a cuento para contextualizar –como gusta decirse ahora- el hecho de que nuestro personaje –el mentiroso, digo- tenga cierta fobia a pisar nuestras calles –y el Congreso-, así que, fuera de los telediarios y los Aló presidente, sólo encuentra ocasión de lucirse ante las masas cuando va al extranjero. Y ha sido así, otra vez más, cuando en Nueva York ha soltado un discurso muy acorde a su naturaleza mendaz, de predicar lo contrario de lo que hace o de hacer lo contrario de lo que predica. Así, se ha atrevido a afirmar cínica y desvergonzadamente lo siguiente:

“Llamo a defender la democracia como única alternativa frente a cualquier deriva totalitaria, excluyente e intolerante (…) Sin duda, la democracia está amenazada.

Daría risa si no causara espanto y una profunda náusea tanto cinismo y desvergüenza. Por supuesto, sabe muy bien de lo que habla, pues justamente esas son las señas de identidad de su Gobierno: la intolerancia, la exclusión, el guerracivilismo, el desprecio de las leyes, la restricción de derechos y libertades, el ultraje a la Justicia y al parlamento, a la separación de poderes –fundamento de toda democracia-, en suma, tal como él mismo ha apuntado –y muchos, o algunos, venimos advirtiendo- la constatable deriva totalitaria del Gobierno y la seria amenaza que supone para nuestra debilitada democracia. Sin pretensión alguna de exhaustividad, sólo como recordatorio a los olvidadizos, mencionemos sólo algunos ejemplos que sustentan lo expresado:

1. Ataques a la libertad de expresión: “Revuelo por la 'nueva misión' de la Guardia Civil: "Minimizar el clima contrario al Gobierno" (El Español, 19/04/2020); La ministra Celaá confirma el ataque del Gobierno a la libertad de expresión, equiparando la crítica al Gobierno con los bulos: "No podemos aceptar que haya mensajes negativos, mensajes falsos, en definitiva". (entrevista en TVE, 20/04/2020)

2. Ataques a la libertad de enseñanza: “La defensa del sector público es la excusa para poner en marcha un proceso de depuración ideológica que no atiende a la mejora de los servicios que recibe el ciudadano, sino al adoctrinamiento con que la izquierda pretende excluir a quienes no comulgan con sus dogmas.” (Editorial ABC 19/12/2019); La ley educativa que ha borrado el español como lengua vehicular en la enseñanza (….) el Congreso aprobó la enmienda negociada por Unidas Podemos, el PSOE y Esquerra para "blindar la inmersión lingüística en Cataluña” (El Español, 9/11/2020)

3. Ataques al derecho a la propiedad: “la actuación de la seguridad nacional, mediante la declaración por el Presidente del Gobierno de una situación de interés para la seguridad nacional, permite integrar la acción de todos los recursos disponibles de las administraciones públicas afectadas, e incluso aquéllos que estuvieran en mano de particulares, mediante el ejercicio de las potestades ordinarias previstas por el ordenamiento jurídico”. Es decir, Sánchez podrá expropiar cualquier bien que considere clave por Real Decreto, sin pasar ni por el Congreso ni por el Consejo de Seguridad Nacional, y, además, podrá saltarse los trámites “si existen razones de urgencia o de oportunidad que así lo exijan”. (Exposición de motivos de la Ley de Seguridad Nacional); La mayoría parlamentaria que conforma el PSOE, Unidas Podemos, los grupos independentistas y las fuerzas que sustentan al Ejecutivo ha avanzado su rechazo en el Congreso a una proposición de ley contra la 'okupación' (Europa press, 16/02/2021); El Gobierno legitima ahora la okupación cuando no haya violencia. Garzón cuela en el decreto que crea al consumidor vulnerable un artículo para blindar a los okupas que hayan entrado en una vivienda vacía. (ABC, 21/02/2021)

4. Ataques a la independencia judicial y a la separación de poderes: El jefe del Ejecutivo en funciones, Pedro Sánchez, ha destacado que la Fiscalía General del Estado depende del Ejecutivo (Entrevista en RNE, noviembre 2019) Fuentes de la Fiscalía han mostrado este miércoles su "sorpresa" y "estupefacción" por las declaraciones del presidente del Gobierno en una entrevista en RNE. Estas fuentes recuerdan la "independencia" de la Fiscalía y lamentan que Pedro Sánchez transmita al exterior "una imagen de injerencia del Gobierno en el sistema judicial (El Mundo, noviembre de 2019); "¿La Fiscalía, de quién depende?", preguntaba irónicamente Pedro Sánchez, autoseñalándose como cabeza invisible del Ministerio Público , ahora, ya sin miramientos y sin ironías, el socialista convierte a la exministra de Justicia Dolores Delgado en fiscal general del Estado, dejando atónitos a los fiscales, al dejar a un lado de forma definitiva la aparente imparcialidad que se presupone del cargo.” (El Confidencial, 13/01/2020); “El Tribunal Supremo ha rechazado archivar la investigación del nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado. El Gobierno, por medio de la Abogacía del Estado, pretendía que la causa fuera sobreseída…” (Vozpópuli, 06/02/2021); “La magistrada Encarnación Roca sobre las presiones al Constitucional: "Yo también he recibido esas llamadas del Gobierno" La vicepresidenta del Alto Tribunal confesó durante la deliberación de la sentencia que recibió advertencias para que avalara el estado de alarma” (El Mundo, 16/07/2021); Bolaños, sobre la reforma del CGPJ: "Los jueces no pueden elegir a los jueces" (El Confidencial, 02/09/2021)

5. Ataques a la soberanía Nacional: El Tribunal Constitucional (TC) considera que el cierre del Parlamento durante el primer confinamiento vulneró los derechos de los diputados a ejercer su tarea legislativa y de control al Gobierno. (El Mundo, 17/09/2021); El segundo estado de alarma también fue inconstitucional. El ponente del TC tumba el cerrojazo de Sánchez al Congreso y rechaza que decretara seis meses sin control «efectivo y real» al Ejecutivo. Considera ilegal delegar en las autonomías competencias estatales para restringir libertades.” (ABC, 22/09/2021).

6. Ataque a las más elementales libertades individuales: Detención ilegal, mediante arresto domiciliario de toda la población del país (excepto, de la clase política, muchos de los cuales fueron pillados in fraganti fuera de sus domicilios): El Pleno del Tribunal Constitucional consideró por mayoría que el confinamiento domiciliario del primer estado de alarma decretado por el Gobierno en marzo de 2020 excedió los límites de dicho estado excepcional recogidos en la Constitución y por tanto no fue legal ni constitucional;

“La Policía irrumpe en una fiesta ilegal en Madrid derribando la puerta de la vivienda sin orden judicial (28/03/2021) “El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, asegura que un piso turístico no es una "morada" si se usa para una fiesta ilegal y ha defendido la labor de los agente (Telemadrid, 31 mar 2021) “La ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, ha defendido la actuación policial en la que varios agentes de Policía Nacional irrumpieron este fin de semana en un piso de Madrid para disolver una fiesta sin orden judicial, justificando que este local no se trataba de una morada, "sino de un inmueble turístico" (El Español, 30/03/2021) …El juez procesa por allanamiento de morada a los seis policías que irrumpieron en una fiesta ilegal con una patada en la puerta. El juez considera “incontrovertido” que los agentes entraron en el piso sin orden judicial … (El País, 22/09/2021)

Etc., etc., etc…..

No extraña, pues, conociendo al personaje –al mentiroso, me refiero- que considere los hechos expuestos perpetrados por su Gobierno como defensa de la democracia.

Este Pedro Estornudo, o Pedro el Mentiroso, es tan cínico y procaz como aquél personaje de una sátira de Horacio, que fue sorprendido cuando estaba ‘desollando’ a un tercero ausente y alguien le espetó: ¡Eh, tú (mentiroso), que no nos conoces y nos hablas como si no te conociéramos!

Septiembre de 2021

NO HAGÁIS CASO AL GPS

 

Anhelando el reposo que otorgan al espíritu los bosques y espesuras plantadas por la mano del Amado, y el placer infantil de contemplar de cerca a la gente que los habitan: zorros, ciervos, gamos, jabalíes, ardillas… (también son gente, decía el entrañable Dersú Uzalá) enfilamos el camino de uno de los más bellos parajes montañosos de nuestra tierra.

Esclavos ya sin remisión del modo de vida 2.0, preteridos brújulas y mapas, y todo aquello que requiera un esfuerzo intelectual, fiamos nuestro destino a la dulce voz que desde el teléfono móvil nos orienta y dirige. Así hasta que súbitamente nos damos de narices con una hermosa reja de hierro forjado que cierra el paso a todo lo ancho de la vía. Sin más remedio detenemos el coche y descubrimos por las inscripciones labradas en la misma que estamos a las puertas del antiguo cementerio del pueblo. Algo, además, nos llama la atención: sujeto a uno de sus lados un cartel bien visible, impreso en taller –que habrá costado su buen dinero al contribuyente municipal- nos lanza una tajante advertencia: “NO HAGÁIS CASO AL GPS”. Tardía y gratuita admonición, cuando ya es inútil seguir el consejo, y no quedan más opciones que darse la vuelta o adentrarse en los dominios de Plutón. Al menos, piensa uno, se nos permite dar la vuelta y corregir el rumbo; de otro modo, esta encerrona no sería sino alegoría de la vida misma: guiados y pastoreados con cuentos y embelecos y promesas por una dulce voz –seductora y mentirosa, como la de las sirenas odiséicas- hasta ese lugar donde ya nada es posible, donde la fría nada es lo único posible.

Me vienen a la memoria unas palabras de Pablo D’ors: lo trascendente se camufla a menudo en lo banal, y me digo -venciendo esa pulsión fatalista que me domina- que, tal vez, el cartel sea metáfora de otro mensaje más humano, que en los tiempos que corren no estaría bien visto expresar: un grito de rebeldía y de libertad. ¡No hagáis caso al GPS! ¡Ya está bien que os dirijan la vida! ¡Seguid vuestro camino, el que elijáis, aun a riesgo de equivocaros! Parafraseando a Shakespeare podríamos decir que aunque nada resuelvan nuestros actos errados, la libertad de ejecutarlos alivia sin embargo el corazón.

La vida es libertad; de otro modo no merecería tal nombre; la vida sin libertad es vida de bestias, como recordó acertadamente Quevedo.

Vacilante junio de 2021