ROSEBUD

 Se deslizan las lágrimas

lánguidamente sobre las mejillas,

llevándose la vida

engastada en sus gotas;

ruedan como una bola de cristal

que muestra en su interior, al agitarse,

la ilusión de la nieve –o de la vida-.

La nieve trae el recuerdo

del amor de una madre

y de un tosco trineo de madera,

y un murmullo: Rosebud…

 

Yo también veo la nieve

en esa otra bola de cristal,

en el aparador del comedor,

precipitarse arremolinada

sobre oscuros tejados de pizarra;

la añoranza me lleva,

no a nieve y a trineos,

sino a esos días azules

y ese sol de la infancia,

a la fuente escarchada,

a un almenado fuerte

hecho por una madre

con una tosca caja

de amor y mantecados,

y al encuentro con todos los ausentes.

 

La vida empuja infatigable y terca

hacia el abismo,

mientras el alma tira vanamente,

y presa de nostalgia,

hacia la infancia.

¿Qué es lo que hay allí,

que tanto deseamos?

Tal vez sea la morada

de la felicidad, y del amor;

donde la vida habita,

digo la vida pura,

despojada de adornos y retórica,

ajena al vértigo de las humanas cosas,

ajena a las pasiones,

ajena a la ambición y a la soberbia,

y al anhelo de trascender, tan vano.

 

Acalorado julio de 2021

REFLEXIONES –Y DOS POEMAS- SOBRE LA AMISTAD

 La amistad, como el amor, son grandes mentirosos, como osadamente apuntó el Arcipreste de Hita. Si a ello  -a la mentira- unimos el tiempo, resulta una mezcla fatal. Mentira y tiempo. Sobre esa idea ripié un soneto hace ya muchos años:

 

De sobra conocemos la mudable

esencia de la amistad. Su diverso

rostro, corrompido por el adverso

tiempo, que es la materia deleznable

 

(la expresión es de Borges) que sin ira

extingue el mutuo amor. Su dulce faz

enmascara la substancia mendaz,

encubre con destreza la mentira.

 

Piedra filosofal del sentimiento:

Mentira y tiempo. Amistad fementida.

Alquimia elemental del sufrimiento.

 

Y entre olvido, desgarros y sofocos,

-que toda ley tiene excepción- la vida

me regaló la amistad de unos pocos.

 

Olvidé, sin embargo, un ingrediente esencial en este cóctel: la humana condición; pues, como sentenció Mark Twain: “Yo no pregunto de qué raza es un hombre; basta con que sea humano. Nadie puede ser nada peor.” Y, como dijo Dante “…e di questi cotai son io medesmo…”, o sea, de esta pasta estamos hechos todos, también nosotros pertenecemos a esa cofradía. Proposición ésta que muchos notables escritores, antes y después de Twain, suscribieron igualmente, como Von Grimmelshausen o Ángel González, por poner solamente un par de ejemplos. Tal es nuestra naturaleza.

Discúlpeme el lector si monótonamente vuelvo a tratar el asunto, aun con ligeras variaciones o incluso repeticiones; hasta el mísmisimo Borges reconocía incurrir en eso; he ahí, pues, este otro poema sobre la amistad:

 

Siempre llega el momento

-¡qué cruel es el tiempo, o qué benéfico!-

en que toda mentira es desvelada,

en que ningún engaño queda oculto.

Así, de esa manera,

por ese transcurrir de las mentiras,

perdón por este lapsus,

quise decir los días,

es como amargamente conocimos

que una amistad inquebrantable dura

lo que tarda la vida

en someterla a prueba.

Luego la envidia o el resentimiento

o, en el mejor supuesto, el disimulo

vienen a suplantar ese vacío

que deja la amistad –o la mentira-;

preferibles, sin duda, todos ellos

antes que persistir en el engaño

de un afecto fingido y simulado;

definitivamente preferibles

antes que el odio ocupe ese lugar,

pues no hay cosa más fea

-como dijo hace siglos Cicerón-

que anden en disputa

quienes en amistad

antaño convivieron.

¡Ay, arcana amistad!

¡Ay, condición humana!

¿Por qué no aprendes algo de los perros

tumbados a los pies de los sepulcros,

con sus tristes miradas de alabastro,

modelos de lealtad incondicional;

o de los burros o de los caballos,

del noble Etón, que llora grandes lágrimas

ante el cuerpo sin vida de Palante,

o del rucio de Sancho, que rebuzna

condolido por la ausencia del amo?

¡Ay, amistad humana,

especie de bastardo parentesco

que otorga el hecho de embriagarse juntos,

todo en ti es fingimiento!

Tal vez se deba a esa naturaleza

inconsistente y frívola

la volatilidad de los afectos,

y lo que el sabio refranero dijo:

Tiene un tesoro quien tiene un amigo.

 

Acalorado julio de 2021

NO HAGÁIS CASO AL GPS

 

Anhelando el reposo que otorgan al espíritu los bosques y espesuras plantadas por la mano del Amado, y el placer infantil de contemplar de cerca a la gente que los habitan: zorros, ciervos, gamos, jabalíes, ardillas… (también son gente, decía el entrañable Dersú Uzalá) enfilamos el camino de uno de los más bellos parajes montañosos de nuestra tierra.

Esclavos ya sin remisión del modo de vida 2.0, preteridos brújulas y mapas, y todo aquello que requiera un esfuerzo intelectual, fiamos nuestro destino a la dulce voz que desde el teléfono móvil nos orienta y dirige. Así hasta que súbitamente nos damos de narices con una hermosa reja de hierro forjado que cierra el paso a todo lo ancho de la vía. Sin más remedio detenemos el coche y descubrimos por las inscripciones labradas en la misma que estamos a las puertas del antiguo cementerio del pueblo. Algo, además, nos llama la atención: sujeto a uno de sus lados un cartel bien visible, impreso en taller –que habrá costado su buen dinero al contribuyente municipal- nos lanza una tajante advertencia: “NO HAGÁIS CASO AL GPS”. Tardía y gratuita admonición, cuando ya es inútil seguir el consejo, y no quedan más opciones que darse la vuelta o adentrarse en los dominios de Plutón. Al menos, piensa uno, se nos permite dar la vuelta y corregir el rumbo; de otro modo, esta encerrona no sería sino alegoría de la vida misma: guiados y pastoreados con cuentos y embelecos y promesas por una dulce voz –seductora y mentirosa, como la de las sirenas odiséicas- hasta ese lugar donde ya nada es posible, donde la fría nada es lo único posible.

Me vienen a la memoria unas palabras de Pablo D’ors: lo trascendente se camufla a menudo en lo banal, y me digo -venciendo esa pulsión fatalista que me domina- que, tal vez, el cartel sea metáfora de otro mensaje más humano, que en los tiempos que corren no estaría bien visto expresar: un grito de rebeldía y de libertad. ¡No hagáis caso al GPS! ¡Ya está bien que os dirijan la vida! ¡Seguid vuestro camino, el que elijáis, aun a riesgo de equivocaros! Parafraseando a Shakespeare podríamos decir que aunque nada resuelvan nuestros actos errados, la libertad de ejecutarlos alivia sin embargo el corazón.

La vida es libertad; de otro modo no merecería tal nombre; la vida sin libertad es vida de bestias, como recordó acertadamente Quevedo.

Vacilante junio de 2021

ESPAÑA CARCOMIDA

La heroica nación duerme la siesta mientras la carcoma socava los cimientos de la patria, si un tiempo fuertes ya desmoronados... Prefiero esta expresión -patria carcomida- como metáfora de la podredumbre que corrompe el cuerpo social y corroe sus siempre inseguros fundamentos hasta reducirlos a serrín. Otros hablan de ‘estado fallido’ o ‘España fracasada' o ‘cáncer de estado’, yo prefiero, digo, como metáfora, la carcoma. Cáncer de estado conlleva la estigmatización de la enfermedad y de quienes la padecen -lo apuntó certeramente en un ensayo Susan Sontag-, preferible evitar la expresión, si se puede; por otra parte, estado fallido o patria fracasada denotan, en mayor o menor grado,  un intento previo dotado de nobleza, buena intención y rectitud en la acción, que finalmente se ve truncada por cierto fatalismo. Carcoma, pues. Y esa carcoma se llama partitocracia, o control absoluto de todas las instituciones del Estado por parte de la oligarquía partidista.

Del mismo modo en que las larvas del insecto devoran en la oscuridad las entrañas de la madera convirtiéndola en serrín, así la partitocrática carcoma realiza su demoledora labor, opacamente, disimuladamente pero contumazmente, royendo insidiosamente y sin descanso las páginas del libro de la Constitución, dejándonos, en su lugar, como la carcoma, sus detritus;  que, en el colmo de la desfachatez y el cinismo, pretenden, además, hacernos creer que es el maná redentor.

Las especies de carcoma que corroen los cimientos de la vieja España tienen nombre: se llaman Partido Socialista, Partido Nacionalista Vasco, Esquerra republicana de Cataluña, BILDU, Partido Comunista (sea cual sea la careta que coyunturalmente use para su propósito: IU, Podemos, etc…), JxC, y, en menor medida, Partido Popular, cómplice oportunista cuando ha convenido a sus intereses de partido.

No nos engañemos, aquí no hay democracia, o, mejor dicho, si la hay, lo es en el sentido que le otorgaba Aristóteles: o sea, como corrupción del gobierno de la mayoría, que él llamaba politeía o república. No existe separación de poderes donde el Poder Legislativo está sometido sin disimulo al Gobierno, a un Gobierno, por cierto, de mentirosos; ni donde ese mismo Gobierno es el que designa –directa o indirectamente- a las altas magistraturas de la judicatura y a los miembros del órgano supremo que representa el Poder Judicial y se permite, además, ‘contrapesar’ –por usar la misma expresión usada por la vicepresidenta de ese Gobierno- las decisiones de los tribunales. No existe estado derecho sino inseguridad jurídica y arbitrariedad y desigualdad y privilegios de casta. En definitiva, estamos sumidos mansamente en un embeleco o en una ensoñación, que insistimos en llamar erróneamente democracia.

Parafraseando a Job, podríamos afirmar que un árbol tiene esperanza, pero esta adormilada sociedad…se gastarán los cielos y no despertará de su sueño.

La Nación española tiene los días contados, si esta corrosiva plaga no es exterminada de raíz.

 Vacilante junio de 2021 

ORDEÑAR EL ALMA

 Qué tarea más ardua y dolorosa

es ordeñar el alma.

Esa lucha continua entre memoria

-tan inclinada siempre a la mentira-

y la conciencia, dura e implacable

-predispuesta, sin embargo, al olvido-.

Ese inútil esfuerzo de subir

la piedra hasta la cumbre,

que nunca se culmina.

Ese cavar continuo en lo profundo

de las entrañas, de lo inconfesable,

para sacar del interior recóndito

un cesto de manzanas,

de manzanas podridas

-perdida la inocencia-

sustraídas del árbol,

del árbol de la ciencia,

de la ciencia del mal.

Van emergiendo de las entretelas

lágrimas y reproches

de labios y de ojos

que fueron tan amados.

Vomito las palabras que no dije,

que se pudrieron luego en las entrañas,

y las que dije y mancharon mi boca,

y lo que pude hacer y nunca hice,

y lo que hice y nunca debí hacer…

Tanto dolor, en suma, tanta infamia.

Regurgito el dolor

que causé a los que quise,

y que ahora me trago

de nuevo, como un perro.

¿Cómo pude, me digo,

hacerles tanto daño?

¿Qué estúpida ceguera

guiaba mis impulsos?

¡Ojalá yo pudiera…!,

pero ya no es posible;

Tal vez ya sólo queda

decir, como el poeta,

que el tiempo secará

esta excelsa amargura,

y ya no habrá reproches

El tiempo, ¡cómo no!, será la cura.

Mas no será ese tiempo complaciente,

sino la hora final inapelable.

Tal vez eso será.

Y en una sepultura

 

Vacilante junio de 2021

LA SOLEDAD DEL PATIO

 

E tés corazóns que sufren
longas ausencias mortás…

 


 

No recuerdo con certeza quién me ha enviado la foto. La contemplo absorto y extasiado y siento como me abduce hacia su interior: Atravieso el tenebroso y fresco zaguán de rugosas lozas de oscuro mármol rojo, basto y sin pulir, picado de viruela como el rostro de la luna sangrienta. Mármol plebeyo al cabo, que pudo ser en otro tiempo columna de la Mezquita de Córdoba, pero que el hado que rige la suerte de las cosas rebajó a humilde pavimento de una humilde morada egabrense. Subo el ancho escalón, más descansillo que peldaño, que salva el desnivel con el patio, y que con sus lozas ajedrezadas en blanco y negro amonesta a quien lo pisa con su particular memento mori: recuerda que no eres más que una figurilla atrapada en este tablero de negras noches y de blancos días que es la vida.

Cruzo el umbral, flanqueado por dos puertas gemelas de madera y cristal, uniformes e inmóviles, como dos centinelas ante su garita; me ciega la explosión de luz y de colores y de sombras que en armónica mixtura se despliega ante mis ojos y siento entonces que traspasara una puerta astral que da acceso a otra dimensión y a otro tiempo.

La boquilla de la fuente de piedra, emerge sin soberbia entre el rebaño floral de las macetas, como si estuviese, cual ellas, plantada y florecida, y su chorro cantarín y charlatán me reprende nostálgico: ¿Dónde estabas? ¿Por qué no vienes ya a sentarte en la concha, como hacían tus hermanas y tus primas? Aquí ya no viene nadie. La soledad nos consume. Ni siquiera viene ya por navidad el pavo sin cabeza a manchar de sangre las paredes blancas. Nadie de noche ya a ver la tele con las salamanquesas, como en el Jardín Cinema; y a discutir con el locutor del telediario y con Franco. Solo silencio ahora. El fresco de la noche triste porque ya no puede acariciar las mecedoras verdes, y el ciclópeo limonero quejándose al tejado y a los gatos del vecino: ¿Quién cogerá ahora mis limones más altos? Y las flores de las macetas llorando pétalos de sangre y lamentándose: Toda esta belleza se marchitará, Nati, si no nos riegan con sonrisas y romanzas de doña Francisquita, ahora sólo nos echan agua.

Oigo afligido el lamento de las cosas que fueron familiares y pienso en lo dolorosa y grave que es la ausencia, tanta ausencia acumulada, que acaba convirtiendo en oscura sombra lo que fue luz y belleza. Tanta ausencia…

 

Confuso mayo de 2021

FILÍPICA CONTRA LOS JUANMAS

 Leo en los medios que la Junta de Andalucía del cambio ha dejado sin empleo al médico Jesús Candel, alias Spiriman. Los gerifaltes junteros niegan que se trate de un despido, sino que –afirman cínicamente- el nuevo cáncer que  aqueja a Candel –tras haber superado recientemente otro- le incapacita funcionalmente para ejercer como médico de familia y de urgencias. Acabáramos. Por supuesto, el cáncer incapacita; más si es grave y recurrente. Lo que sucede es que cuando un empleado público –como cualquier otro trabajador- se ve incapacitado para el desempeño de su labor lo que la ley determina no es, precisamente, su despido. De modo que esto huele a represalia; que digo, apesta a represalia y venganza.

De todos es sabido que Spiriman  es un conocido activista en el área sanitaria. Con su asociación Justicia por la sanidad comenzó plantando cara al régimen socialista andaluz y no se ha plegado después ni a los halagos ni a las prebendas ni a los cargos, y mucho menos a las amenazas, con que los nuevos déspotas lo tentaron y amonestaron para silenciarlo. Desplantes que jamás tolera la soberbia de los poderosos. La historia está plagada de abyectos ejemplos.

Cuenta Plutarco que Marco Antonio, en cuanto tuvo poder para ello, mandó asesinar a Cicerón, tras haberlo incluido en la lista negra de proscritos. Detalla Plutarco que cortaron al cadáver la cabeza con la que pronunció las Filípicas y las manos con las que las escribió y que fueron expuestas en la tribuna de oradores, cruel manifestación de la soberbia de su poderoso enemigo.

Salvando las distancias, esta cruel y despiadada venganza que se perpetra contra Jesús Candel, iguala a aquel despótico triunvirato romano con este más moderno y suigéneris andaluz; y a sus protagonistas: el brutal y sanguinario Marco Antonio con el cobarde y desalmado Moreno Bonilla; y a sus cómplices de gobierno, de aquellos y estos tiempos,  consentidores insensibles y silentes.

Verdaderamente, la degradación moral de este gobierno de los Juanmas alcanza cotas que jamás imaginamos, aun sospechando de antemano que las promesas regeneradoras con que embaucaron al lectorado eran sólo embeleco y cuento.

Juanmamó, como Marco Antonio, ha traicionado el discurso regenerador con que llegó al poder y, como él también, una vez instalado en el trono no ha tardado en manifestar su naturaleza soberbia y despótica. Este es sólo otro ejemplo más.

La historia es terca y se repite porque no escarmentamos. Quevedo nos advertía: Calaveras son que nos amonestan los asirios, los griegos y los romanos: más nos convienen los cadáveres de sus monarquías por escarmiento que por imitación…”, pero no aprendemos.

De déspota en déspota, parece que estemos condenados irremediablemente al yugo. Lo cual hace a mis ojos más estimable al personaje. Porque se puede estar o no de acuerdo con sus planteamientos, pero lo que yo desde luego considero digno de admiración, reconocimiento y respeto, en un país de mansos bueyes con querencia al yugo, como es este nuestro, es la virtud de la rebeldía, en toda causa que se reivindique y defienda civilizadamente y sin violencia; como es, justamente, el caso de Spiriman. ¡Ánimo, Jesús!


Confuso mayo de 2021