SOBRE LA NEGLIGENCIA EL DESPOTISMO


Parecía que con la doble pifia de los test el gobierno había llegado a su máximo nivel de incompetencia. Lamentablemente no fue así. Su incuria e inepcia aparenta no tener límites. Ahora hay que sumar la retirada de un lote de 350.000 mascarillas ‘fake’ distribuidas por el Ministerio de Sanidad a numerosos centros sanitarios, dejando expuestos a la acción del virus, durante 10 días, a los miles de profesionales usuarios del defectuoso producto. No es de extrañar, pues, que encabecemos la fatal estadística de sanitarios infectados y muertos. También se hace eco unánime la prensa del descontrol y caos en las cifras facilitadas por el gobierno. Un gobierno incapaz hasta de contar bien a sus muertos. No digo ya de llorarlos y honrarlos, pues también hemos sabido recientemente que la dirección nacional del Psoe ha dado instrucciones a los alcaldes de su partido para que en sus municipios no se muestre señal alguna de duelo, lo ha revelado uno de ellos: el desobediente alcalde socialista de Vila-real, José Benlloch, larga vida. La reciente historia patria no ha conocido tanta vileza y miseria moral como la que muestra este gobierno.
Tres meses después de las primeras advertencias de la OMS, el gobierno sigue mostrándose incapaz de aprovisionarse de modo suficiente y eficaz de test y mascarillas. Y, lo que es peor, suple su criminal negligencia practicando la rapiña (Exprópiese, les suena) sobre las entidades de la sociedad civil que lo avergüenzan demostrándole que –sin contar con recursos ilimitados y un poder absoluto, como el del gobierno- el aprovisionamiento es posible en el mercado, basta desearlo y ponerlo en manos de gestores eficaces. Hasta cuatro pueblecillos de Teruel han demostrado ser más eficaces que el gobierno.
Esta cuestión no es en absoluto baladí, pues de ello depende el control eficaz de la pandemia y el levantamiento del arresto domiciliario al que estamos sometidos hasta –por ahora- el 10 de mayo. Esto es, durante dos largos meses. Camino también de otro nefasto récord.
Y si todo ello –la negligente gestión que está costando miles de vidas- no fuese por sí mismo motivo suficiente para abominar de un gobierno, sufrimos también un furibundo ataque a nuestras más elementales libertades.
Aparte de la ya indicada contra nuestra libertad deambulatoria, limitada más allá de lo que hubiese sido estrictamente necesario, por causa de la negligente gestión en el acopio de test y mascarillas, aparte de ello, digo, el gobierno ha mostrado su verdadero rostro despótico y totalitario limitando la libertad de información, contra lo reconocido en la Constitución y las leyes. Amparándose burdamente en los poderes absolutos de los que se ha dotado con la declaración del estado de alarma, el gobierno se niega a facilitar información a la ciudadanía, incluso a quienes representan la soberanía nacional. Se niega así, entre otras cosas, a facilitar la identidad de los contratistas con los que ha celebrado contratos de adquisición de material sanitario, pese a que, conforme a las leyes vigentes, está indubitablemente obligado a facilitarla y publicarla, ¿qué esconde tras ello?
Y no conforme con el uso propagandístico, tendencioso y partidista, de instituciones públicas, como la TVE y el CIS, para difundir sus mentiras, arremete ahora fieramente contra la libertad de expresión. El gobierno en su delirio totalitario ataca implacable no sólo a los medios de comunicación, a los que amaga con nacionalizar, sino que también intimida a los ciudadanos que a través de las redes sociales osan criticar su acción de gobierno, y hasta a los propios partidos políticos. Y, cómo no, vuelve a utilizar sectariamente las instituciones que por su propia naturaleza deben estar al servicio de toda la ciudadanía y del interés general. Y vemos así cómo la Fiscalía General del Estado, con la colaboración de la agencia estatal de noticias EFE, amenaza a partidos, medios y ciudadanos con la cárcel: “La difusión de bulos en las redes sociales puede acarrear hasta cinco años de prisión, según la Fiscalía General del Estado, que ha salido al paso de las noticias falsas para anunciar que estudia los tipos penales donde encajar tales delitos.” Literal. Causaría risa, si no fuera porque ni siquiera durante el franquismo o, tal vez, como en el franquismo, el gobierno, al margen de los tribunales de justicia, decreta la pena a la que posteriormente tratará de buscar un soporte jurídico. Puro despotismo. Puro nazismo: la voluntad del Führer hace el derecho, como formulara Carl Schmitt.
Y, discúlpeme de nuevo el desocupado lector, si a las negras horas para la vida y la libertad que ahora sufrimos, añado el fruto de mis negros augurios. Pasará todo, porque es ley natural que todo pase, mas quedará una terrible cicatriz: la desmemoria.
Estas páginas negras serán arrancadas del libro de la historia, por aquéllos mismos que las han escrito con sangre y con mordaza. No pagarán su culpa los malvados. Menos aquí, donde la justicia vale menos que el orín de los perros, como cantó León Felipe. No nos engañemos, los buenos sólo ganan en las películas. La vida es de los canallas sin escrúpulos.
Terminará todo y el noble pueblo –con la ayuda del NODO y de una paga vitalicia- se someterá y olvidará. Nada nuevo, Tocqueville lo advirtió hace 200 años. Y Albiac lo recordó en fechas recientes: prefieren vivir pobremente antes que tener que trabajar. De eso sabemos bien por aquí abajo. Y vislumbro –no sé si entonces viviré- un amanecer gris, como el que cantaba Ángel González en su poema:

El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy -silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.
Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.
Negro abril de 2020