Formulada por Robert Merton, cuyas aportaciones a la parsoniana teoría de sistemas han estudiado todos los alumnos de sociología de nuestras universidades, la “profecía autocumplida” viene a sostener que la mera formulación de una predicción respecto a un hecho socialmente relevante condiciona, impulsa y aumenta o favorece la probabilidad de que esta llegue realmente a consumarse. Digo esto a propósito de los tambores de guerra que, pertinaz e insidiosamente, vienen sonando en el rebaño desde hace pocos meses. Los que tocan los tambores son la estúpida UE de la ofídica Von der Leyen y la OTAN -léase, pues, USA-.
¿En qué hechos, en qué elementos objetivos, se sustenta la alarma? ¿En cuáles, asimismo, la supuesta amenaza? Lo que saben esos que formulan tan alarmante y desasosegante predicción, nos lo ocultan. Por ejemplo, ¿quién es el supuesto enemigo del que debemos protegernos, tan urgentemente? Porque tal dato es esencial e imprescindible para la formulación de la hipótesis bélica. Las amenazas, obviamente, tienen que provenir de alguien que las profiera y lance y, de alguna manera, las notifique o haga llegar a conocimiento del amenazado. ¿Cuáles son estas que inducen a los que están haciendo sonar los tambores de guerra a prevenirnos y alarmarnos? ¿Quién las profiere, y cuáles son sus motivaciones? ¿Cuáles son sus exigencias, a cambio de no tener que llegar a intentar satisfacerlas mediante la violencia de la guerra?
Como no he visto en ningún sitio que los tocatambores, ni sus voceros, hayan dado explicación razonable alguna, ni respuesta a tan elementales cuestiones, uno se para a pensar y a elucubrar, para suplir ese escandaloso y desvergonzado silencio.
Veamos -sin mucho rigor analítico; digamos que con el rigor del análisis de tertulia tabernaria- diferentes hipótesis. Primera, la amenaza procede del islamismo radical, enemigo declarado de la civilización occidental. Pero, ¿qué país o alianza de países liderarían la agresión a occidente? ¿Qué país o alianza de ellos tiene capacidad bélica para enfrentarse en ese terreno a todo el occidente? ¿Y cuáles serían sus razones?, porque, como advirtió Gadafi, el vientre de sus mujeres -y las propias políticas de los supuestos enemigos- ya están consiguiendo que la civilización occidental doble la rodilla y sucumba ante ellos.
Otra hipótesis: China, que quiere adueñarse del mundo. Sin embargo, ya es dueña de buena parte del continente africano y sudamericano e, incluso, asiático y europeo; parece que no le va mal. ¿Ansía apropiarse lo que queda del mundo, mediante la violencia, sola o en consorcio con Rusia? Parece bastante improbable, y no hay datos objetivos que avalen tal hipótesis. Más aún, los que hay apuntan en sentido contrario: a China le va bastante bien con el statu quo mundial y no tendría motivos para arriesgar una situación tan ventajosa, y menos aún en provecho de otro, léase Rusia. Salvo que, tercera hipótesis, frenar la ambición del demonio americano, Trump, sea el factor desencadenante. Naturalmente, para sostener tal hipótesis es preciso admitir esta otra: que Trump pretende adueñarse mediante la violencia del mundo, incluidos China, Rusia y la UE. Pero, en tal caso, el enemigo serían los USA, contra todo el planeta, contra el universo entero, como diría Carmen Calvo. No parece que tal hipótesis sea en modo alguno sostenible.
Por último, y esta es la hipótesis por la que me inclino como más probable, se trataría de una guerra de conveniencia; acordada entre todos los contendientes. Ya se determinaría más adelante quién compondría cada bando litigante; quién contra quién. El objetivo, en el que estarían todas las potencias de acuerdo, consistiría en equilibrar el descontrolado crecimiento poblacional; eliminando el excedente, ya que no se ha podido controlar en el origen. El recurso a los virus ha fracasado, o ha resultado insuficiente. Hay que dar ahora la oportunidad a los fusiles y a las bombas. Una guerra, en definitiva, filantrópica y ecologista; es decir, para el bien de la humanidad y del planeta. Muy en consonancia con la ideología woke: filantropía y ecología.
Todos los de Davos, declarados neomaltusianos, y los estados de su propiedad, estarían de acuerdo. Como ya ha habido otras guerras, ya sabemos -y sobre todo, ellos saben- que no les afectará, y nada arriesgan, pues. No pasarán hambre, no sufrirán en sus carnes las miserias de la guerra, incluso se enriquecerán con ella. Serán, como en todas las guerras, la gente como tú o como yo los que padezcan.
Parafraseando a Bertold Brecht, los de Davos se han reunido, hombre de la calle abandona toda esperanza, pues ya están escritas las órdenes de movilización.
O pudiera ser esto otro: un giro ‘inesperado’ de guion, cuidadosamente proyectado -y que podría incluso ser compatible con la hipótesis anterior de una guerra de ‘perfil bajo’-: la paz, al fin. Suspiramos. Entonces, Von der Leyen, y los Von der Leyen del mundo, es decir, la plutocracia global, dirán: Demos gracias a que finalmente se ha conseguido mantener la paz. Ha costado grandes esfuerzos, por lo que, por tu parte, tendrás que aceptar realizar ciertos sacrificios a cambio.
Ya nos lo advirtieron esos mismos de Davos, los de la Agenda 2030: “No tendrás nada y serás feliz”.
Así se explicaría porqué no hay respuesta a ninguna de las cuestiones esenciales: amenazas, enemigos, alianzas, etc.
Sea lo que sea, siempre ganan los mismos. Siempre pierden los mismos.
Marzo de 2025