EL GOBIERNO DE LÁZARO ESTORNUDO

III. Un gobierno de demagogos.

Que este es un gobierno de postureo (gobierno-anuncio lo ha bautizado algún medio) es una opinión bien arraigada en los hechos. Lo hemos podido comprobar con sus primeras actuaciones: la creación de un alto comisionado (alta comisionada) para la lucha contra la pobreza infantil, la propia composición del Consejo: Consejo de Ministras, el rescate-show del buque Aquarius o la exhumación-expulsión de los restos de Franco del Valle de los Caídos.
Lo que ocurre, a mi juicio, es que pese a la naturaleza inane de tales actos y su nulo provecho social, no hay nada de candoroso en todo ello. Tras su aparente candidez estas medidas esconden una declaración de principios, un programa de gobierno basado en lo peor del ‘buenismo zapateril’ que abraza la progresía dominante y la masa sensible a su propaganda: la ideología de género, el multiculturalismo, la memoria histórica, etc., etc.,; en suma, la ideología del odio y la demagogia estúpida. Lo que sucede, asimismo, es que servirse de ciertos dramas humanos, de las inevitables calamidades e injusticias que nos son inherentes, para medrar políticamente no sólo constituye un acto propio de demagogos sino de canallas. Y esto es lo subyacente en la acción de este gobierno: la desvergüenza y la estupidez, disfrazada de bellos gestos y amables palabras. Este Lázaro es un aventajado émulo de Julián Sorel, el personaje de Stendhal, que se decía a sí mismo: “…tendré que cometer otras muchas injusticias si quiero llegar lejos, e incluso aprender a disfrazarlas con bellas y sentimentales palabras…”
Ha empezado usando a la infancia para darse un viso filantrópico. Así ha creado el Alto Comisionado para la pobreza infantil. Gran estupidez conceptual pero que cala bien en los sentimientos humanitarios de la gente. Pero, ¿qué pobreza infantil? Que yo sepa los niños no tienen rentas ni patrimonio. En España, al menos, los niños viven en el seno de las familias. O, en casos extremos, al cuidado del estado (las provisoras Comunidades Autónomas) que atiende su educación y sustento y satisface todas sus necesidades materiales. Por tanto, ¿de qué pobreza hablamos? Obviamente, de pobreza familiar. Pero claro la familia no mola; para llegar al alma sensible de la buena gente, los progres han de valerse de los niños. Por otra parte, no deja de resultar cínico que venga a hablarnos de pobreza un gobierno de ricos que, si atendemos a sus declaraciones de renta y patrimonio, más parece una multinacional del ladrillo o un consejo de administración del IBEX. No hay pobres en el gobierno; si lo presidiera Berlanga habría metido por lo menos a uno, pero este ni eso. Para estos progres que hablan de la visibilización de esto y de lo otro, la visibilización del pobre no toca, como acostumbran a decir. Verdaderamente, se merecen que les digamos lo que le dijo la protagonista de la genial película Les enfants du paradis a su rico pretendiente: “Es usted rico pero quiere que le amemos como si fuese pobre.” Eso, justamente, es lo que le pasa a este gobierno de ricachones.
Luego está el buque insignia: la gran estupidez de la ideología de género; que pese a estúpida no deja de ser inicua. Y así, los tenemos y las tenemas hablando en estupidés desde el primer minuto y diciendo estupideces cada segundo a cuento de ello. Por ejemplo, dice la portavoza del Consejo de Ministras que van a acabar con la discriminación salarial, con la brecha salarial le llaman. Y yo me pregunto: ¿no garantiza la Constitución la igualdad ante la ley y prohíbe la discriminación por razón de sexo? Efectivamente así es. No existe un solo convenio colectivo en España que establezca diferencias salariales por razón de sexo; como tampoco que el hombre sea preferido a la mujer en la promoción laboral y salarial. Lo mismo sucede en el sector público: no existe ninguna Relación de Puestos de Trabajo que retribuya mejor los puestos desempeñados por hombres o que limite o dificulte o prohíba a las mujeres el desempeño de cualquier puesto en los niveles superiores; como tampoco existe ninguna norma que prime al hombre frente a la mujer en la promoción de su carrera administrativa. Taxativamente, no existe tal discriminación y si existiera sería radicalmente nula. Por tanto, esta historia de la discriminación salarial es otra paparrucha del feminismo enraizado en el gobierno. O sea, pura mentira para engañar al público valiéndose de una causa noble: la justicia y la igualdad.
Paradójica y cínicamente –el cinismo es una de las virtudes de nuestra Gauche Divine-, allí donde verdadera y clamorosamente hay desigualdad en razón del sexo, callan. Quiero decir ante la actitud denigrante del Islam hacia la mujer –y eso los buenos y moderados, no digo nada de los extremistas-; callan y miran a otro lado y justifican: “es su cultura”, nos dicen. O también, otro silencio clamoroso, ante ese artículo de nuestra Constitución, que consagra una especie de ley sálica,  que dice: “La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer…” ¿Algo que decir al respecto? No oigo… Y es que, hablemos claro, por evidentes razones aristocráticas –en el sentido clásico del término- más nos ha valido no remover este asunto y dejar a un lado el sexo en beneficio del mérito.
Tal es nuestro gobierno. Y esos son sus hechos. Lo malo es que en dos semanas de ineficacia y propaganda su cotización electoral sube como la espuma, si creemos lo que nos dicen los arúspices de la demoscopia.
Y es que, como afirmaba León Tolstói, las masas adoran el poder.
De otro modo no se entendería el espectáculo de un pueblo sacrificado por la estulticia  y la ambición de sus gobernantes –por usar la expresión de Roa Bastos-; por esa fascinación y por una indeclinable pulsión que William Faulkner supo descubrir y señalar: “…un ingrediente más poderoso que sus simples deseos… su inmortal pasión por ser dirigido, desconcertado y engañado…
¡Pobre España, qué negro futuro se vislumbra!
Junio, 2018

EL GOBIERNO DE LÁZARO ESTORNUDO

II. Señoras, señores, la representación va a comenzar.

Que nadie gobierna inocentemente es cosa bien sabida desde que el hombre se impuso sobre el hombre. La Historia ha dado buena cuenta de eso. Cervantes, con su aguda sabiduría y precisa belleza, nos lo recordaba en El licenciado Vidriera: “¡Oh Corte, que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos encogidos, sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos.” La cima del poder no es lugar para personas virtuosas. Recuerdo a quien lo supo por propia experiencia, uno de los pocos políticos decentes que he conocido. Se lo decía a su chófer, a quien se lo oí referir: “José, yo no sirvo para esto. Para esto hay que ser muy sinvergüenza.”
De modo que este gobierno de varietés, de pantomima rosa, ofende la inteligencia cuando pretende venderse como el gobierno de la regeneración moral, poco menos que gobierno seráfico. ¡Como si no supiésemos de donde vienen y cómo han llegado a donde están! Son como Menio, ese personaje de las Sátiras de Horacio, indulgentes en extremo con sí mismos, rebosantes de un amor propio tonto, desvergonzado y digno de ser reprobado. Y, como a Menio, habría que decirles: ¡Eh, vosotros que no nos conocéis y pretendéis hablarnos como si no os conociéramos!
Y es que estos frívolos desvergonzados (sálvese el que pueda) están manchados hasta los sobacos del ‘lodo del camino’ y ellos, mejor que nosotros, saben bien cuáles son los rincones oscuros de su ascensión a las alturas del poder y cuantos sapos han tenido que tragarse –en el mejor de los casos- contra su conciencia. Por ejemplo, mi paisana, la vicepresidenta, estuvo en el gobierno del que ahora llama ‘ciudadano Chaves’ –otrora Manolo, el bueno de Manolo-, en cuyas sesiones se urdió y alimentó la trama corrupta de los EREs (Yo no sabo). En los Consejos en los que comenzaron a tejerse los primeros hilos de la tela de araña del régimen clientelar, en los que se creó la FAFFE (año 2003) buque insignia del nepotismo y clientelismo del Régimen (Estaba distraída). En los Consejos en los que se diseñó el más desvergonzado expolio -pro domo sua- de los fondos destinados a la formación de los parados andaluces (Yo no sabo); operación que, según vamos sabiendo, va a dejar, si las comparamos, a la Cueva de Alí Babá como un convento de Carmelitas.
A esta y a su jefe Lázaro Estornudo –el varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial-, entre otros diputados socialistas, les debemos  su cuotaparte –como diría FG- de la ‘Operación Katyn de la crisis’; esto es, echar la culpa al PP de los recortes sociales que durante los años 2010 y 2011 diseñó el gobierno socialista de ZP y aprobaron los diputados del PSOE, del mismo modo en que los comunistas culparon a los nazis del genocidio de Katyn. A ellos les debemos, pues, la brutal bajada de las retribuciones que sufrimos los empleados públicos -y que aún padecemos-; la bajada universal de las pensiones, de todas ellas sin distinción: altas o bajas y de cualquier clase y condición; el copago farmacéutico de los pensionistas; los recortes en la ‘dependencia, etc., etc... O sea, no son las inocentes criaturas que pretenden representar; y, desde luego, no vienen con las manos limpias, ya quisieran. Y lo mismo –o cosas peores, aún- podríamos decir de la mayoría del resto: Borrell, Montero, Robles, Valerio, etc…
De manera que, por favor, no nos tomen, pues, por imbéciles. Ese discurso, más bien esa pantomima, sólo se la tragarán sus sectarios o aquellos infelices ingenuos que ponen la fe por encima de las obras.
Junio, 2018

EL GOBIERNO DE LÁZARO ESTORNUDO

I.         El charlatán irresponsable

¿Por qué Lázaro? ¿Por qué Estornudo?, se preguntará el lector distraído; de manera que, para que no se desoriente respecto a los sujetos –y sujetas- de esta pieza, hago recordatorio. El lector sabe de sobra que Pedro Sánchez es más vanidoso que capaz, afirmación que sostengo en las evidencias: en su currículo no hay prueba alguna de sus méritos, sí de sus enchufes, debidos a las eficaces influencias de sus padres entre sus contactos y amistades (fuente: Wikipedia); de su vanidad, por el contrario, no deja de dar muestras.
De modo que, emulando a personajes famosos –¿Por qué yo voy a ser menos que ZP, RbCb, FG o el mismísimo JFK?, se dijo-, no dudó en recurrir a la acronimia para dejar también su huella en la Historia.
 Así, tuvo la ocurrencia de referirse a sí mismo en la web oficial del Psoe como Pdro Snchz. No observó que la cosa no daba para un acrónimo y que, fonéticamente, más se parecía a un estornudo. Curiosamente, un escribano cervantino, personaje del entremés La elección de los alcaldes de Daganzo, era del mismo nombre: Pedro Estornudo. Quedaba, pues, bautizado. Pero sucedió, como todo el mundo sabe, que los dirigentes de su propio partido, hartos de ver como Pdro Estornudo, lentamente pero sin desfallecimiento y con ahínco, los llevaba al desastre se rebelaron y lo destituyeron de la Secretaría General. Volvió hace ahora un año, el 39 Congreso del partido lo resucitó cuando ya todos lo daban por muerto. O sea, como Lázaro, salió de la tumba donde había sido sepultado, mal sepultado. Así pues, Lázaro Estornudo.
Salió del sepulcro como Lázaro y, como Lázaro, apestando el aire. Pues sus primeras palabras fueron -¡cómo no!- para agraviar a la Nación (consulte el lector, si lo desea, lo que escribí al respecto).
Ahora –conforme a la inexorable ley de Murphy que determina que ‘Si algo malo puede pasar, pasará’- lo tenemos de presidente del Gobierno. No puede ser peor. Dicen sus acólitos y los plumillas lamebraguetas que esto es el premio a su audacia. La Fortuna ayuda a los audaces, como afirma el adagio romano, dicen.
Pero si nos paramos a analizar las cosas, la sentencia romana no es aplicable al caso. ¿De qué audacia hablamos? ¿Qué arriesgó Estornudo? ¿Qué ardid fue el suyo, digno de memoria?
Aquí lo que sucede, más bien, es lo que dijo Camilo José Cela en su discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias: ‘el que resiste, gana’. Ese ha sido el único mérito de este nuestro Lázaro: resistir. No por nada, sólo por ambición personal y por despecho.
Su única virtud ha sido su ambición desmedida. Decía CJC en ese discurso: “El que espera tiene a su lado un buen compañero en el tiempo, nos dejó dicho Saavedra Fajardo en sus Empresas políticas (…) Se dará tiempo al tiempo —pensaba y escribía Cervantes en La gitanilla—, que suele ser dulce salida a muchas amargas dificultades. Y en Las dos doncellas: Dejad el cuidado al tiempo, que es gran maestro en dar y hallar remedio. Y en el Quijote: Dejando al tiempo que haga de las suyas, que es el mejor médico de estas y de otras mayores dificultades’.
Y yo (discúlpeme el lector este feo vicio) también advertí hace dos años sobre ello: “El tiempo goza de una extraña cualidad reparadora, revitalizante y redentora. El tiempo que todo lo destruye y corroe es, paradójicamente, paladín de pusilánimes, sostenedor de inicuos y redentor de réprobos. Y es que la paradoja es la sustancia del tiempo; que lo diga, si no, la ciencia moderna desde Einstein. El tiempo que se alimenta de desdichas, defeca paradojas.
Aquí, por desgracia, no han faltado los que han sabido aprovecharse de ello. Digo entre los políticos; tan espabilados cuando se trata de lo suyo. Es de dominio público que entre las armas secretas de Franco (el brazo incorrupto de santa Teresa y la bruja Mersida) ocupaba lugar preeminente el cajón de los asuntos entregados al cuidado reparador del tiempo. Rajoy, como es registrador, lo supo y, como alumno aplicado, lo practica. También nuestra esperanza de Triana, aunque menos ilustrada más lista. Pero sobre todos ellos, el que más provecho está sacando de esta paradoja es, sin duda, Pedro Estornudo (no confundir con el escribano cervantino de Daganzo), me refiero a Pedro Snchz, líder del PSOE. Como Franco, ha confiado al tiempo la solución de sus problemas. De su principal problema: su supervivencia. Sabe que mientras no se oficie el funeral y se celebre el sepelio el cadáver estará de cuerpo presente. Esa es su salvación. Pedro Estornudo es un cadáver insepulto. Un difunto muy vivo, sin embargo. Aunque, como tal, apesta. Por eso no hará nada y todo su afán consistirá en que nada se lleve a cabo.”
Como podrá constatar el lector a la vista de los hechos, no me equivoqué, por desgracia.
El tiempo, pues. El tiempo y la ambición son las fuerzas generatrices de este Gobierno. Sin embargo, concurre ahora un matiz relevante que antes por la propia naturaleza de las cosas no estaba presente. Quiero decir que la disposición del presidente Estornudo ante el tiempo era, antes de su asalto a la Presidencia del Gobierno, puramente pasiva. Se limitaba a confiar en el poder redentor del tiempo.
Ahora, sin embargo, su actitud es bien distinta: se sirve del tiempo para eludir su responsabilidad ante hipotecas imposibles; ante promesas o compromisos –explícitos o implícitos, ya lo sabremos- realizados a tirios y troyanos, de naturaleza, por tanto, antagónica y, consecuentemente, de imposible satisfacción.
Su talante, lejos de las enseñanzas cervantinas y de la praxis política de  Felipe II, Franco, Rajoy y tantos otros gobernantes, es más bien el del charlatán irresponsable de la fábula de Samaniego: Un charlatán presumía de que podía enseñar a hablar elocuentemente a un borrico. Súpolo el rey y lo llamó a su presencia. Como el charlatán se reafirmaba en sus pretensiones, el rey le ordenó que enseñara a hablar a un burro, para lo cual le concedía un plazo de 10 años, bien entendido que si al término del plazo el burro no hablaba el maestro asnal sería ahorcado. El charlatán aceptó el trato. Continúa Samaniego su fábula:
El doctor asegura nuevamente
sacar un orador asno elocuente.
Dícele callandito un cortesano:
‘Escuche, buen hermano:
Su frescura me espanta.
¡A cáñamo me huele su garganta!’
‘No temáis, señor mío,
respondió el charlatán, pues yo me río;
en diez años de plazo que tenemos,
¿el rey, el asno o yo no moriremos?’

Tal que así es la actitud del que por maldad del hado hoy nos gobierna: la de un charlatán irresponsable.
Junio, 2018

ROMANCE DE UN SÁTRAPA

I

Tiene Sevilla tesoros
que le envidia media España:
Tiene una torre almohade
-la que llaman la Giralda-,
engalanada de oro
cuando el ocaso la araña
con sus rayos otoñales
de amante desesperada.
Y un río de plata tiene,
cuando la luna lo baña,
lo acaricia y lo adormece,
en las noches despejadas.
Acogedores jardines
con cantarinas fontanas,
y plazuelas con naranjos
que lloran perlas -no lágrimas-
perfumadas de azahar,
por penas de amor lejanas.
Estas y más cosas tiene…
Que tiene, también, un sátrapa.

II

Reinaba en Andalucía
—sin haber hecho elección—
Pepe Segundo, el Sencillo,
(llamadme Pepe -pidió-
que soy persona sencilla)
puesto por su antecesor,
el hombre de más cabeza
que en el reino gobernó,
(que si a Fraga le cabía
en la testa la Nación,
dicen que a Manolo Chaves
le cabían el Catón,
la enciclopedia Británica,
y quedaba sitio y tó
para dos kilos de papas;
tal era su condición).
Como todo en esta vida
tiene su terminación,
Escuredo siguió a Plácido,
a Escuredo lo quitó
Pepe Primero, Pepote,
a Pepote el Cabezón,
y a éste Pepe Segundo
(aunque, para hacer honor
a la verdad, sea dicho
que el Sencillo no expulsó
a Manolo de San Telmo;
más bien fue una abdicación
—forzada por Zapatero—
que Manolo aprovechó
para dejar bien atada
su inmadura sucesión;
pero eso es otra historia,
volvamos a la cuestión.)

III

Era el año dosmilnueve,
recién puesto en el sillón,
Pepe Segundo, el Sencillo,
formó su gobernación
siguiendo una vieja táctica
que siguió su antecesor:
El síndrome Blancanieves;
de enanos se rodeó.

Los augures anunciaban
días de gran aflicción
al régimen socialista.
El desánimo cundió
entre la sociata grey.
“¿De qué voy a vivir yo?
-se preguntaban algunos-
si no sé hacer ni la O
aunque sea con un canuto.”
Y a Pepe se le ocurrió
-¡malaya tal ocurrencia!-
la Ley de Reordenación,
llamada del Enchufismo
pues tal era su misión:
que si se perdía la Junta
en la próxima elección,
quedara bien colocada
la famélica legión
de militantes, cuñados,
primos, parientes…; y tós
-por la gracia del Partido-
adquirieran condición
de Públicos Empleados.
Eso fue lo que mandó.

Así se cumplió y se hizo
y los jueces, muy sumisos,
diéronle su bendición.

IV

Era el año dosmildoce
(la clientela colocada
en confortables agencias
-que para eso se crearan,
con sus surtidos pesebres
provistos de agua y cebada-)
y gana el PP en las urnas,
cual la Sibila augurara.
Cincuenta escaños obtuvo,
ganó, pero fue pa nada.
Porque el Sencillo y Valderas
cincuenta nueve sumaban
uniendo los dos sus fuerzas.
El régimen se salvaba;
que el hado tiene estas cosas,
siempre ayuda a los canallas
(¡Audaces Fortuna iuvat!,
¡audaces!, dirá usted sátrapas)


V

Poco duró la alegría
a nuestro sencillo Pepe.
Después de salvar el culo
-la historia, en verdad, conmueve-,
como le sucedió a Hamlet,
su padre se le aparece
(digo padre figurado:
Manolo, el que le precede);
no lo reconoce al punto
y su nombre le encarece
y entre la bruma del sueño
le pregunta: ¿Tú quién eres?
y el eco, siempre indiscreto,
le contesta: ERES, ERES…
¿A qué has venido?, responde,
dime de una vez qué quieres.
Y el eco –que es un cachondo-:
ERES…ERES…ERES…ERES…
“Toma las de Villadiego
-le dice Chaves- si puedes,
que hay una juez en Sevilla
que al trullo meternos quiere
(y el eco, en la lejanía,
guasón repite: ERE…ERE…)
Dicen que ha fichado un perro
que hasta los billetes huele.
Es un pastor alemán,
Ajax el nombre que tiene,
en honor de Ajax el Grande
(que no por el detergente),
el gran amigo de Aquiles
que cargó su cuerpo inerte
cuando Paris con un dardo
en el talón le dio muerte.
Pero, en fin, no divaguemos,
digo que el perro ya viene
pisándonos los talones
y ya ni dios lo detiene.”
El miedo le entra en el cuerpo,
el ojo lágrimas vierte
de tonalidad marrón
-ustedes ya me comprenden,
que me refiero a ese ojo
que sólo mira el retrete-.
Sal huyendo pa Madrid
y en el senado te escuendes,
porque allí la juez Alaya
ni el perro son competentes.”
Eso dijo el padre Chaves
y se esfumó de repente.

Y Pepe puso a la niña
del reino de taifa al frente.
era el año dosmiltrece.

VI

Meterse en la madriguera,
como si fueran conejos,
de poco, al fin, les sirvió.
Que en el Tribunal Supremo
no les tocó un juez amigo
sino el juez Jorge Barreiro,
el que a Baltasar Garzón
supo quitarnos de en medio.
Pero como a los canallas
siempre les busca remedios
la Fortuna, murió el perro;
y a la jueza la mandaron
a la Audiencia por destierro.
Y así, los dos pa Sevilla
se vinieron de regreso.
Ya se imaginan ustedes
en qué terminará esto:
los pringaos a la cárcel,
cuatro golfos, en efecto.
Y mil millones perdidos,
no de pesetas, ¡de Euros!

MORALEJA
Qué importa el nombre del sátrapa,
lo que quisimos tenemos.
Junio, 2018

EL PEOR ENEMIGO DE LA JUSTICIA


En Andalucía el primer y principal enemigo de la Justicia son, sin duda, los jueces. Después los fiscales. Lo he dicho en innumerables ocasiones; otras, por no resultar cansino, me he callado. No hay día aquí que los jueces no pisoteen la Justicia. Los jueces aquí agravian más a la Justicia que los delincuentes.
Como nada ha cambiado, leo hoy en El Mundo que un juez ha tardado sólo 48 horas en archivar la denuncia que el Sindicato Andaluz de Funcionarios (SAF) puso contra la corrupción de este régimen, manifestada en, esta ocasión, en la contratación de al menos 85 personas por criterios de clientelismo político y nepotismo.
¡Todo un record! Para que luego digan, quienes pretenden desprestigiar a la justicia con sus infundios, que es lenta.
He leído el auto de archivo, he leído la denuncia y, como estudié derecho y lo he practicado en mi vida profesional durante 42 años, algo sé de lo que dice la ley al respecto. Pues bien, tengo la convicción de que el juez no se ha leído siquiera la denuncia, ni tampoco el fiscal. Y, han actuado contra lo que dice la ley: “Formalizada que sea la denuncia, se procederá o mandará proceder inmediatamente por el Juez o funcionario a quien se hiciese a la comprobación del hecho denunciado, salvo que éste no revistiere carácter de delito, o que la denuncia fuere manifiestamente falsa. En cualquiera de estos dos casos, el Tribunal o funcionario se abstendrán de todo procedimiento, sin perjuicio de la responsabilidad en que incurran si desestimasen aquélla indebidamente” (Artículo 269 Ley de Enjuiciamiento criminal).
Se procederá inmediatamente a la comprobación del hecho denunciado, dice la ley. Obviamente el juez no ha comprobado absolutamente nada; ni se ha molestado siquiera en disimularlo, es evidente. Por el contrario, sostiene el juez que “no está debidamente justificada la perpetración de un delito”. Esto lo dice sin practicar ninguna diligencia de investigación, sin realizar ningún acto de indagación y averiguación de los hechos denunciados y sin molestarse en desvirtuar los fundados indicios –algunos notorios, o sea, de dominio público, publicados por la prensa y no desmentidos por los afectados- que se hacían constar en la denuncia.
El juez considera que los hechos denunciados no son constitutivos de delito. De delito de cohecho, dice exactamente. De verdad que ni siquiera ha leído la denuncia, pues ésta va referida a 85 presuntos casos de prevaricación, y sólo en uno de estos 85 se da, además, –a juicio del denunciante- un presunto delito de cohecho. ¿Cabe acaso más desidia, descuido y desinterés?
Dice el juez que no está debidamente justificada la perpetración de un delito; y esto lo dice ignorando la doctrina jurisprudencial al respecto. La denuncia pone de manifiesto una decena de casos muy similares –que podrían ser varias decenas- en los que los tribunales han estimado que tales hechos (es decir, la contratación de personas como empleados sin seguir procedimiento alguno, con absoluto desprecio de los principios constitucionales que rigen el acceso al empleo público, sólo por criterios de clientelismo político o nepotismo) constituyen graves delitos.
He leído varias sentencias del Tribunal Supremo, en las que se afirma: …la quiebra que en los ciudadanos va a tener la credibilidad de las instituciones y la confianza que ellas deben merecerle porque como custodios de la legalidad, son (autoridades y funcionarios) los primeros obligados, y esta quiebra puede producir efectos devastadores en la ciudadanía pues nada consolida más el estado de derecho que la confianza de los ciudadanos en que sus instituciones actúan de acuerdo con la Ley y que por tanto el que se aparta de la norma recibe la adecuada sanción que restablece aquella confianza rota...”
Aplíquese el cuento la justicia y sepa, en efecto, que si la credibilidad de las instituciones se resiente a ojos del ciudadano porque las autoridades y funcionarios –como custodios de la legalidad- no sean los primeros en cumplirla, lo que más hace tambalear esa confianza hasta destruirla totalmente es que los jueces –que en última instancia son los garantes de la observancia de la ley y de los derechos de los ciudadanos- ni observen ni hagan observar las leyes. Eso sí que quiebra la confianza del ciudadano en el estado de derecho y sus instituciones.
Claro que, por otra parte, en la mayoría de los casos que la denuncia del SAF señalaba como precedentes, los corruptos eran del PP, del Partido Andalucista o del G.I.L., es decir, no eran del PSOE de Andalucía. Tal vez eso ayude a comprender las cosas. Pero, necesariamente, eso le lleva a uno a preguntarse ¿pueden unos hechos ser constitutivos de delito o no dependiendo de quién sea su autor? Parece ser que la respuesta de este juez a la pregunta es afirmativa. Es lo que la progresía judicial ha llamado derecho penal de autor; y que el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo han rechazado tajantemente (por propia convicción u obligados, como en tantos otros temas, por el Tribunal de Estrasburgo; a la fuerza ahorcan…) Según la Constitución todos somos iguales ante la Ley.
Ante lo cual, insisto, llego a la conclusión de que el juez no ha leído siquiera la denuncia, aunque ha ordenado su archivo -¿por qué?- o ha firmado lo que alguien -¿quién?- le ha puesto por delante. Y dudo también que al dictar el auto el juez tuviera a la vista el escrito de la fiscalía al respecto. Sería casi un milagro que en 48 horas el juez recibiera la denuncia, diera orden de abrir diligencias; ordenara su traslado al Ministerio Fiscal; éste las recibiera, las estudiara y se pronunciara y remitiera al juzgado su opinión al respecto y, por último, que, a la vista de todo ello, el juez ordenara el archivo y firmara el auto de sobreseimiento. No me lo creo. Ni aunque fuese el único asunto del que tuviese que ocuparse un juzgado, me lo creería. Esa inusitada celeridad; algo raro, muy raro, ocurre. Tal vez el Consejo General del Poder Judicial debería echar una miradita, por lo anómalo del asunto y la insólita diligencia en todos esos trámites. De récord.
Y, ante lo cual, uno también se pregunta por las razones del juez. Y piensa: ¿tendrá el juez hipotecas?; es decir, algún pariente, cuñado, hijos, esposa, sobrinos, etc., que haya entrado en alguna de las agencias de la Junta de la misma manera delictiva que está denunciando el SAF. No lo sé, pero podría ser; la juez Núñez Bolaños, por ejemplo, tiene, al menos, que sepamos, a su cuñada en la agencia IDEA.  ¿O, acaso, el juez sólo mira por su carrera y es consciente de que aquí, para medrar profesionalmente, es más fácil y hasta conveniente, no molestar a los poderosos?
Así que dando vueltas al asunto, uno termina acordándose de aquél pastor alemán, de nombre Ajax, como el mítico guerrero de la Ilíada, que hizo por la Justicia más que todos los fiscales y jueces de Andalucía juntos (a excepción de la ebúrnea Alaya; y no sé si de algún otro que, aunque todavía no haya honrado a la Justicia y a la ciudadanía con sus hechos, albergue, sin embargo, buenos propósitos). Vuelve uno a pensar en eso y a desear que, si esta es toda la Justicia que los jueces son capaces de ofrecernos, tal vez sería mejor tener por jueces al mono de la fábula de Rubén Darío, o al tribunal de hampones de “M” o al mismísimo don Vito Corleone.
Y, vuelve uno a pensar y a desear que, por respeto a la Justicia y a la memoria de Bías y Aristóteles y de tantos otros grandes hombres que la amaron y la honraron, lo mejor fuera dejarla en manos de los perros.
Junio, 2018

SU MIRADA


“…dejonos harto consuelo
su memoria…”

Dicen aquellos que calculan todo
que uno no termina de morirse
hasta que los que guardan su memoria
vuelven al polvo del que fueron hechos.

Dicen, por otra parte, los que saben
que nada se destruye ni perece
sino que sólo cambia, -¡paradojas!-
que todo pasa, aunque todo queda.

He visto que es verdad eso que dicen:
he visto tu mirada en otros ojos,
irradiando tristeza y amargura
(y esa bondad de cordobés estoico).
 
He visto tu mirada y he llorado.
Ya sé lo que te pasa y te conturba
(aunque nunca un reproche ni una queja).
¡Qué injusto el sufrimiento de los justos!

Deseabas vivir en libertad,
¿no sabes que la vida es servidumbre?
Cierra los ojos ya, yo te comprendo.

Mayo, 2018

‘El MÓVIL’, ROMANCE SATÍRICO FUNCIONARIAL

Creo que existe amplio consenso respecto a que una de las causas del atraso de esta querida tierra nuestra reside en la ineptitud de nuestros gobernantes. Un espabilado consejero –catedrático de Universidad-, que dejó de serlo, digo consejero, precisamente por pasarse de listo, sentó la siguiente doctrina respecto a los criterios de selección de los directivos de su Consejería: “No hace falta que sepan, basta con que hagan lo que se les mande y sean dóciles y sumisos.
Doctrina similar es la que aplica el PSOE para investir a los altos cargos de la Junta de Andalucía; esta es su Lex Suprema: “Nadie sea más listo que la presidenta”; o, como dirían los romanos: Nemo Susanam melior. Así tenemos lo que tenemos, lo que hemos tenido y lo que tendremos.
Los funcionarios –digo los de verdad, no esos pesebristas cada vez más abundantes, por desgracia- siguiendo una tradición que viene del tiempo de las covachuelas, castigan de manera impepinable la ineptitud de sus jefes “bautizándolos”, con tanta gracia como crueldad. Así se hace más llevadera la pena de sufrirlos. Viene esto a cuento de sacar a la luz alguno de los episodios que -para suerte o desgracia- llenaron las páginas de mi expediente y dejaron huella en mi memoria. Tal vez, en sucesivas ocasiones, cuente alguna que otra historia; que el lector me perdone.
Es preciso, pues, comenzar facilitando al lector información suficiente respecto a los personajes de este romance, empezando por su protagonista, que lo inspiró y le da título.
Pues bien, los hechos se sitúan en el mandato de la infausta Cándida Martínez como consejera de Educación; y el lugar Torretriana, también llamada la Olla exprés, la Mina o el Palacio de Madalena, por Magdalena Álvarez, pues fue ésta no solo la que lo inauguró -como bien recuerda una placa a la entrada del edificio, que pese a haber sido arrancada varias veces ha sido súbitamente repuesta- sino que se hizo construir una enorme suite en el último piso, para su goce y disfrute personal, en régimen de todo incluido, ya me entienden ustedes.
‘El móvil’ era el secretario general técnico de la Consejería de Educación, que fue bautizado con tal mote, en un agudo juego de palabras, porque nunca estaba sentado en su despacho sino correteando por los pasillos y dependencias de la Consejería y, además, porque siempre llevaba el teléfono pegado a la oreja. Como personaje fatuo que era, se le ocurrió en cierta ocasión anunciar, con toda la solemnidad que los arrogantes suelen dar a sus ocurrencias, que desde ese momento ‘iba a volcarse en lo jurídico’. El cachondeo que se originó –a sus espaldas, obviamente- fue homérico; y a mí me inspiró esta sátira.
Su inmediato superior, el viceconsejero, era a la sazón un maestro de Constantina, de escasa talla intelectual, razón, tal vez, por la que su discurso no solía pasar de la frase: “¡me alegro de verte!”, lo que le valió ser motejado como ‘malegroverte’, o, también, deshonrando el nombre de su santa madre, ‘Melitón el alegre’. Las tres gracias: Barbie, Bizca y Estreñida, eran tres directoras generalas a las que las leyes molestaban más que un moscardón a una vaca. Creo que no son necesarias más aclaraciones, solo que, como suele decirse, conviene tomarse las desdichas con sentido del humor, si se puede. Ahí va, pues, este romance lenitivo:

Por las frías galerías
do los mineros penando
pasan tardes y mañanas
sus magros sueldos ganando,
iba el homérico Aquiles
móvil en mano y hablando,
los pies ligeros, no para,
se mueve mucho el muchacho.

Va a volcarse en lo jurídico,
cual Cicerón se volcara
-Ilustre jurisconsulto
que grande fama alcanzara
por causa de Catilina
que su paciencia agotaba
(Utsque tándem Catilina
patientiam nostram…, gritaba
por los ebúrneos escaños
-que entonces no se llevaba
sentar a sus señorías,
ni allí, en Roma, ni en España,
sobre mullidos sillones
de piel de vaca labrada,
que entre sedas y algodones
dulcemente se criara
para no irritar siquiera,
si es que acaso se sentaran,
las sutiles posaderas
de los Padres de la Patria-)

Pero volvamos al ‘Móvil’
que este romance inspirara,
no sea que en el exordio
nos vayamos por las ramas
y en ellas nos encontremos
gentes de esa especie rara
de carne muy apreciada
en tierras del Mississipi
o de la negra Alabama.
(Perdón, ya metí la pata;
negro no es palabra ahora
que a los negros designara.
Subsahariano diría,
como esos de Sudáfrica
que llevan la negritud
en la punta de la… ¡¡¡calla!!!
que, además de no rimar,
esa tampoco es palabra
políticamente apta
que pueda decirse ahora,
por lo menos ante damas.)

Pero sigamos, decía
que habitan en esas ramas
mamíferos trepadores.
Mamíferos, porque maman
no sólo del presupuesto
sino de alguna otra glándula,
que por su poco rigor
no vale pene nombrarla;
y trepadores, pues trepan
-no como dicen en Cabra:
trepar es echar por tierra-
sino como el hombre araña:
poniendo patas y zarpas
allí donde hiciera falta
con tal de sobrepasar
lo que su altura no alcanza.
Y ya no nos distraigamos,
si no la historia no acaba.

A volcarse en lo jurídico
(ser Perry Mason soñaba)
subiendo las escaleras
que llevan a la entreplanta
del ‘Palacio Madalena’,
no el de la capital Cántabra,
sino el que le puso Chaves,
cuando la Expo arrasaba,
en la ‘Isla del Tesoro’
-cual Tamames la llamaba-
   a su amada consejera
que en la hacienda nuestra manda;
olla exprés de Sainz de Oiza,
también ‘La Mina’ llamada.
Ya sube los escalones,
ya los pasillos traspasa
(parece el Correcaminos,
sólo le faltan las alas),
ya está llegando al umbral
del despacho de la Cándida
(¡la Cándida!, ya hablaremos,
a esa un soneto le aguarda),
mas no es a ella a quien busca…
pasa de largo, se alarga
-como dicen en mi pueblo-
a ver, de entre la camada
de Melitona, al que manda.

¡Me alegro mucho de verte!
-el de Constantina habla-
Y yo a ti –dice el de Écija-
de verte más me alegrara
si no fuera en lo jurídico
que desde hoy me volcara,
pues de todos es sabido
que es grave ciencia, privada
de livianas expresiones.
Diciendo esto, se planta
y con gesto adusto dice,
bien oiréis las sus palabras:

He acabado el presupuesto
como nadie lo acabara;
están cuadradas las cuentas
como jamás se cuadraran;
he cerrado el ejercicio
como nunca se cerrara
(y eso a pesar de los mantas
que en herencia me legaran,
que van pegados al cargo
y nadie los separara).
Lo tengo que hacer yo todo,
¡mecachis la mar salada!,
que si no fuera por mí
-y el equipo que tú mandas-
la Consejería se hundía
en las abisales aguas.
En fin, ya todo está en orden,
Y el ‘Plan de Familia’ en marcha.
Es hora, si lo autorizas,
de ocuparse de otras áreas.
Me volcaré en lo jurídico,
que mucho el tema me agrada

Sabias palabras las suyas.
Ya la respuesta aguardaba
De ‘Melitón el alegre’,
y esto fue lo que le hablara:
Hijo, yo me alegro mucho
-paternalmente le habla-
que quieras cambiar los aires
de la tu gente togada;
a ver si los encarrilas
que a mis tres hermosas gracias
-Barbie, Bizca y estreñida-
tienen harto rebrincadas.
Doyte, pues, mi bendición,
mételes caña a esa panda…”

Y, como dicen que entra
en cacharrería elefanta,
como caballo de Atila
que donde el casco posaba
cuentan no crecía la hierba,
así irrumpió en planta baja,
donde la togada estirpe
habita muelles covachas.

Llamó a cónclave a la grey
y desta manera hablara:
Roldán a las nueve en punto,
Fernández las diez pasadas,
Clara Lara tú a las doce.
Diaria reunión les manda.
Roldán, Julio y Perrimason,
los lunes de las semanas
a las cinco de la tarde
(hora en verdad muy lorquiana)
volved juntos a despacho
(¡temí que nos toreara!)
que está la cosa jurídica
ciertamente muy dejada

Más que vuelca se revuelca
en la jurídica plaza;
que digo revuelca, hoza.
La hierba la deja rala
de la jurídica ciencia,
tal cual que si se tratara
de los tres cerditos fiesta.

Hoza Digesto y Partidas,
leyes y códex devasta;
romanos y visigodos
lloran su ciencia arrasada.
Y aquí se acaba el romance.
¡¡Dios nos libre de esta plaga!!

Mayo, 2018